Los grups
El otro día, sentado en el balcón de mi departamento en Valparaíso, leìa El Mercurio, un pequeño artículo
que se titulaba “Llegaron los grups”. Contrario a mi deseo, la lectura tuve que hacerla rápida porque se me estropeaban los
fideos que tenía cociendo.
Me sentí tristemente identificado con lo que creí entender en ese artículo y me hizo pensar que tal vez mi manera de ser no era normal; el artículo en cuestión, definía el tipo de personas que calzaban en este segmento. Mientras cuajaba los fideos, no dejaba de pensar en que yo soy uno de ellos: tengo cuarenta años y los que conviven conmigo diariamente, me creen más joven. Intempestivamente, se alojaron en mi mente una cantidad de recuerdos afines al tema y me sonrojé.
Recordé, por ejemplo, la vez que me quedé hablando de música y sus géneros y derivados y tendencias, hasta altas horas de la madrugada con un chico gótico que tenía dieciséis años cuando yo acababa de cumplir veintinueve. O hace poco, cuando mi gran deseo de compra era un gorro de lana con una marca famosa en la frente, con lo que se hacía un producto caro, pero no importaba, a mis cuarenta años es un gusto que debía darme. Después que dejé reposando mis fideos con la salsa, volví al balcón para confirmar lo que había leído. Efectivamente, el tema era ese.
Aquí fue cuando mi triste identificación desapareció. No era una crítica.
Ahora, de mucho mejor ánimo y mientras almorzaba, lo leí con detenimiento. Decía: “Adam Sternbergh anuncia en la revista New Cork la llegada de los grups, la última fase de una larga escalada de inmadurez a la moda. A comienzos de los ochenta se llamó síndrome de Peter Pan, que luego mutó en lo de yuppie y después de un buen rato en lo que David Brooks llamó los “bobos” o burgueses-bohemios. En Inglaterra, hoy se habla de los aindies (una suma de yupie e indie) y en Estados Unidos de yupsters (yupie y hipster). Sternbergh propone el término grup para referirse a un gran grupo de ciudadanos que no estaría interesado en dejar de lado las cosas infantiles y que disfruta lo bueno de ser mayor, sin
quedarse con ninguna de sus desventajas. El término grup proviene de un episodio de Star Trek- esto es en serio-en el cual el capitan Kirk y sus amigotes aterrizan en un planeta de niños que dominan el mundo sin adultos a la vista. Estos niños empoderados llamaron a Kirk y su gente “grups” que eventualmente sería una contracción de “grown-ups”, es decir seres crecidos. Según Sternbergh su diagnóstico sería del obituario de la tan antigua brecha generacional, de manera que hoy podemos ver a hombres y mujeres de 40 años que se ven, hablan, actúan y se visten como gente de 22 años y que perfectamente pueden intercambiar sus discos favoritos y comparar su vestimenta sin mayores roces. Sin embargo, no se trataría de una pose pasajera sino de un fenómeno que ha llegado para quedarse. Tampoco sería sólo un asunto de moda urbana y plata fácil, sino que una evidencia de cómo lentamente se ha erosionado la idea de que cada uno cruza un portal cuando se vuelve adulto, un portal en el cual está inscrito el imperativo bíblico “Cuando el niño era niño hablaba como niño…”; hoy una o dos generaciones de adultos urbanos felizmente navega por sus treintas, cuarentas, e incluso cincuenta años, usando el mismo modelo de zapatillas que usaron cuando estaban en el colegio y un par de bluejeans de diseño desgastados de fábrica”.