EL TORO
Grande majestuoso de un negro brillante, sale al
ruedo sin saber ni entender los gritos de viva de la gente que lo observa con admiración… con miedo.
El capote rojo lo mira detenidamente, como sabiendo que de así será el color que reine esa tarde entre él y el personaje que lo pasa con valentía, con elegancia, sobre su robusta y temible figura.
Solo unos minutos le toma en su mente sin razonamiento decidir que si no pelea... ¡morirá!
El picador, otro enemigo que encuentra en esa plaza majestuosa al cual ataca como presintiendo que este llego a su lado como enemigo gratuito, quitándole a base de heridas punzo cortantes, la fuerza con la que contaba al entrar, al observar los hombres con capote rosa, se da cuenta de su desventaja peleando ferozmente por su vida, pareciendo cruel e inhumano.
Quisiera con el alma decirle que esos gritos de… ¡viva!, son mensajes de… ¡ya basta!, los de… ¡saquen al picador!, son llamados de piedad para el, que nos duele verlo así, que quisiéramos curar sus heridas, decirle que no somos tan malos, que admiramos su porte…su raza…su increíble resistencia.
la parte de ese ritual taurino que queda por siempre en la mente, es cuando vez a un animal de su peso de su investidura…,de su tamaño, trenzar las patas, y caer lastimosamente bajo la filosa espada clavada con una perfección increíble en el cuerpo dolido del animal, que no entiende porque esta muriendo, porque ese destino.
La banda de la tarde festeja con alegres Dianas al
vencedor, al escuchar las notas de “El Zopilote Mojado”, se enchina el cuerpo, los espectadores gritando ¡Ole ¡ aplauden cada vuelo perfecto del capote sobre el lomo
herido.
¡las fiestas taurinas!, lo mas famosos personajes son anunciados en esos pergaminos pegados a la pared de las entradas, la distracción dominical que gustan muchos, pero que saben que solo el que tiene el temple que poseen los verdaderos toreros, es capaz de plantarse delante de un ejemplar tan bravo e imponente como…… ¡el toro!
Solo una tarde para decidir la suerte de ambos, logrando salvar la vida a veces tristemente… ¡embistiendo al torero! porque dirán… “este toro es bravo merece ser toreado otra vez”.
en ese lugar famoso, respetado, se conjugan dos destinos, el del hermoso ejemplar… ¡el toro!, que sabemos de antemano su suerte dentro de este ruedo, y el del personaje vestido con ese traje de luces semejando un grande e increíble temido príncipe de aquellos tiempos.
Pero la verdadera esencia de estas tardes taurinas es una de las virtudes que es difícil encontrar, pero cuando la posees, te arriesgas, porque sabes que tienes en tus manos algo grande, la parte máxima que el torero decide dejar como emblema a ese publico exigente, necesitado de emociones, esa con la que se nace, lo que dios heredó a las personas increíbles, con un espíritu fortalecido… diferente…¡El valor!
L.C. Sofía Cecilia Galicia Gómez
Escritora y Periodista Guerrerense
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