Cuando a Fernando Savater se le pregunta qué es un intelectual, se le ocurre una respuesta:
considera intelectual a todo aquel que trata a los demás como si fueran intelectuales o para que lleguen a serlo. Es decir, quien se dirige a la capacidad de razonaiento abstracto que hay en todos los seres humanos y la reclama frente a lo que son urgencias sociales o políticas de moda. De esta manera, intelectual es el que no pretende hipnotizar al público de su audiencia, ni intimidarlo, mucho menos reconvenirle o exaltarle, ni tampoco entretenerlo, chocarlo o desconcertarlo; lo que trata de hacer en todo caso es hacerle pensar. Aquellos que se comportan de esta manera son intelectuales, no importa si su profesión habitual es la de un payaso de circo, albañil, banquero o preentador de noticias. Pero quienes desean magnetizar o deslumbrar a las personas no merecen el calificativo de intelectuales, por muchos títulos académicos que posean. El intelectual da que pensar sin querer pensar por los demás o pensar sin los demás.