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Síntesis y críticas breves

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La dramática deuda en educación

por : juanrobert     

Autor : Guillermo Jaim Etcheverry

Domingo 25 de mayo de 2008


La dramática deuda en educación

Guillermo Jaim Etcheverry
Ex rector de la UBA
La Argentina se aproxima al Bicentenario con una dramática deuda en materia de educación. Esta se manifiesta en el nivel educativo alcanzado por nuestra gente: más de la mitad (58 por ciento) de quienes tienen edades comprendidas entre 25 y 64 años, no ha completado el nivel medio, porcentaje que en Suecia es del 18 por ciento. Sólo el 14 por ciento de los argentinos en ese grupo de edad completó la educación terciaria, cifra que es del 44 por ciento en Canadá.
No es más alentador el panorama en lo que respecta a la calidad de la educación que reciben nuestras nuevas generaciones. Los jóvenes de 15 años demuestran un rendimiento en lectura, en matemáticas y en ciencia que ubica a la Argentina en las posiciones 52, 53 y 51, respectivamente, entre 57 países estudiados. El 58 por ciento de esos jóvenes carece de la capacidad de comprender lo que leen, porcentaje que en Finlandia es del cinco por ciento. Es más, la capacidad de comprensión lectora de nuestros jóvenes disminuyó entre 2000 y 2006.
Afirmamos a diario que ingresamos a la sociedad del saber y del conocimiento, pero la realidad parece demostrar que, más bien, nos aproximamos velozmente a la sociedad de la ignorancia.
Porque, si bien la educación constituye una prioridad declamada reiteradamente por la sociedad argentina, en los hechos concretos no se advierten evidencias de la vocación por realizar los esfuerzos sociales y personales imprescindibles para educar y aprender.
Es en los presupuestos públicos donde se percibe con claridad la verdadera importancia que una sociedad otorga a un objetivo: la educación no aparece como prioritaria en las inversiones que realizan ni el Estado ni el sector privado. En todos los niveles educativos hay evidencias que revelan el escaso valor que nuestra sociedad otorga a la educación. Por ejemplo, una sola universidad de Brasil, la de San Pablo, recibe un presupuesto que equivale a más de la mitad del destinado a las 38 universidades nacionales argentinas.
Se está dejando de valorar la contribución que hace el conjunto del sistema educativo a la formación de la persona, peligroso ocaso cuyas consecuencias son observables en la escena cotidiana.
Esa escasa valoración social está acompañada por una falta de convicción en el sacrificio personal necesario para educarse. Quien ha aprendido algo sabe que le ha demandado un esfuerzo. De allí que, aunque se hable de la importancia de la educación, en realidad lo que interesa socialmente es sólo la certificación de haberla recibido.
Tal vez la celebración del Bicentenario brinde la oportunidad de lanzar un esfuerzo concertado para que las nuevas generaciones argentinas vuelvan a concebir a la educación –la que supone aprender algo– como una tarea de cuyos resultados dependerá la significación de la Argentina y el bienestar de cada uno de sus habitantes en oportunidad de celebrarse el tercer Centenario.
Educar mejor a la mayor cantidad de gente posible supone emprender una nueva epopeya educativa, similar a la iniciada a fines del siglo 19. Se trata de un imperativo ineludible, decisivo para nuestro futuro como Nación y acerca de cuya urgente necesidad todos los argentinos deberíamos estar convencidos.


Publicado el: mayo 29, 2008

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Fecha publicación: martes, 01 de enero de 2008

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