Al mirar un film de Quentin Tarantino, uno está estupefacto por la exactitud de los dialogos que escribe. No hay lineas que
se puedan desechar ni charlas de relleno. Tienes la sensacion que todo lo que escuchas en la pantalla está ajustado al guión, sin ningun tipo de improvisación actoral del mismo. El contraste entre este estilo y eso que tienen los productos de las fabricas de peliculas promedio es importante. Con muchas peliculas, el dialogo es un medio para un fin: Los personajes tienen que decir algo para mantener el argumento funcionando; las palabras que eligen no interesan, mientras la idea básica sea expresada. En una peliculña de Tarantino (o una de David Marmet o los hermanos Coen), la historia está adornada con dialogos bien armados llenos de inteligencia y estilo. En "Kill Bill: Vol II", las palabras continuan siendo el pan y la manteca de Tarantino, complementado con sus otros productos: violencia despiadada, humor perverso, y un estilo visual verdaderamente excitante. Mirar la pelicual es como escuchar una sinfonia. tu sabes que cada parte, incluso los instrumentos menos utilizados, han sido compuestos deliberadamente y con real interés en el todo
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