La continuación de la saga de la famosa película de Mario Puzzo, una vez librada la guerra que Michael Corleone iniciaría,
momento después de la muerte de su padre, eliminando a los principales jefes de las “familias”: Tattaglia, Barzini, Cuneo, Strachi y Moe Greene (Empresario de la cadena hotelera de Nevada); empezaba, entonces con la remoción de Tom Hagen como consiglieri (principal concejero del Don)
y la utilización de su facultad como abogado al frente de los casinos y la red total de entretenimientos que controlaban los Corleones en las Vegas. Pero también, a la par de todo esto, la biografía desde los inicios de Vito Andolini (Corleone, una vez en Nueva York); la muerte de su padre y hermano mayor a manos de la
mafia siciliana, y su consecuente abandono de Italia, al ver con sus propios ojos el asesinato de su madre que le exhortaba a correr, paralizado en el segundo preciso de caer ella ante la metralla. Nueva York vería llegar al niño -ni hablaba siquiera- que años más tarde consolidaría el emporio de la mafia neoyorkina. Sus inicios como joven trabajador de una frutería de la cual sería despedido, su incursión en el robo a residencias de la mano de Clemenza y la consecuente eliminación de “la mano negra”, especie de gánster en miniatura que pagaría muy caro la insistencia de su demanda.
Para Michael no era fácil lidiar contra el enemigo que provenía de su propio entorno al intentar ser acribillado en su residencia por una partida que sería eliminada en el acto, quedando la sospecha que le haría tomar la decisión nunca llevada a cabo…, Pero, ¿Quién sería? ¿Roth, el judío que controlaba la mafia en Miami?, o, ¿Frank Pentangeli, paisano de Michael, y enemigo número uno de los hermanos Rosatto en Nueva York? Era evidente, por supuesto, que alguno de ellos había sido el planificador, pero lo que nunca imagino el padrino, y esto porque salió a colación en un paso de copas de parte de su propio hermano que se vanagloriaba en el espectáculo donde hacía mención tanto de Jhonny Ola como del propio Roth, conocidos en las francachelas que organizaban en Cuba, detalle que al hermano le sorprendía, pues al habérselos presentados, fingía no conocer.
Dos millones de dólares era la aportación de la familia Corleone, llevados por Fredo a la isla, ante la insistencia de Roth en un negocio que ya Michael no veía con buenos ojos en vista de la avanzada de los rebeldes en Cuba, que en las postrimerías de 1958 tomaban el poder. Aunque ni Roth pudo deshacerse de Michael y viceversa, en ese momento quedaba en evidencia los pasos que daría el empresario de Miami; la jugada astuta en la corte al valerse de Pentangeli que imaginaba la traición del padrino al momento de la entrevista con Rosatto, este ultimo utilizado por agentes del F.B.I., que ante la sorpresa en la corte, se retractaba de la declaración escrita por pura astucia de Michael: Al ver a su propio hermano en la compañía del acusado, las líneas de expresión de Pentangelli cambiaban, al igual que su declaración.
Triunfaba Michael; sus enemigos pagarían caro la traición, como el ultimo, hasta su
propio hermano lo salvaría la permanencia con vida de su madre..., ¡Y solo hasta allí!.