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Síntesis y críticas breves

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Los dioses deben estar locos I

por : JoseContreras    


Un descuido en la forma embotellada de una Coca cola iniciaría la saga de una excelente producción cinematográfica, atemporal
y no carente del lenguaje irónico y parodiar de una sociedad involucrada en el progreso que enreda más que satisfacer al individuo. Es cierto que la comodidad trae consigo ciertos progresos que ya en los últimos años de los setenta y comienzo de los ochenta del siglo pasado vislumbraba el director Jamie Uys, pero el avance de estos años recientes: DVD, VCD, MP3, MP4, Wii, Ipod, Celulares inteligentes, táctiles; masificación de la TV, cable, Plasmas, Blackberry, GPS, y el fantástico mundo de la Web, a uso y disposición de las mayorías, etc., etc…., no hallan el suficiente tiempo para disfrutar de la comodidad.
Aquella Coca Cola provista por la providencia no tardaría en descubrir los sentimientos oscuros del alma, espíritu egoísta cuando la novedad aflora en la vida de unos pequeñines habitantes del desierto. Así pues, el médico de animales tímido Andrew Steyn, el cura que contrataría la maestra, el pintoresco mecánico de la barbita (Mpudi) –experto conocedor en el arte de conquistar mujeres, mas no de saber cómo mantenerlas- y un Xiau, simpático bosquimano en la tarea de devolver a Dios el objeto de la desdicha familiar, nos llevarían al corazón del Kalahari por allá en la época del disco music y las guerras sin sentido del continente ébano…, a una escena típica: El secuestro de los alumnos con la maestra zafada de la estratagema urdida por los guerrillero con la ayuda de un veterinario sagaz, aunque en medida torpe con las damas, y el bosquimano, al cual librarían de culpas los personajes que le rescataban de la mano de la justicia implacable como experto botánico y conocedor de la naturaleza de su entorno; serviría pues a la secuestrada de importante valor en dejar fuera de combate a los facinerosos. Una vez cumplida la pena, (por hambre) y tras romper el dinero que le pagaba Steyn, caminaría hasta lo que el consideraría en su ignorancia, el fin del mundo, lanzando a lo profundo de un precipicio el objeto que les haría tan infelices a él y a su familia. Pero, para el que sufría del “interesante fenómeno psicológico”, -que no era más que la torpeza en presencia de Kate Thompson, la maestra que el mismo llevaría al pueblo en el “anticristo”, un Nissan destartalado que sufría la avería en el camino de regreso, haciendo su aparición el que obtendría todos los meritos logrados por Steyn, Jack Hind-, habría la recompensa final, aunque con los mismos dedos torpes, conquistar el amor de Kate, que se enamoraba del verdadero héroe de su rescate.
Publicado el: octubre 17, 2009
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