Conozco a unas cuantas personas que se fueron a ver esta pelicula pensando que verían ángeles y demonios en efectos especiales
tal como se nos presentan en otros filmes, pero se desilusionaron. Tal vez sólo acudieron a la sala de cine con la idea de "disfrutar" una película más de terror. No obstante (y este no será el caso de todos), Ángeles y Demonios puede verse como una mezcla de elementos que por sí solos cautivan al espectador: Secretos,
misterio, historia, alocuciones latinas, ángeles y una escenografía que saca inmediatamente al espectador del ambiente informático de hoy.
Su trama enhebra hilos que ya estamos acostumbrados a ver en otras cintas. A mi parecer, se explotan nuevamente algunos errores pasados de la Iglesia Católica Romana. La ciencia es enfrentada con un empecinado sentido de exclusividad de la iglesia representada por el tradicionalismo religioso y por una devoción tan pragmática que induce a usar la mentira, el engaño y hasta la muerte como armas para el logro de sus fines.
El argumento principal se centra en el resurgimiento de una sociedad secreta (los Iluminati), enemigos ancestrales de la Iglesia Católica. Esta secta persigue aniquilar a la iglesia de Roma en venganza por los crímenes cometidos en contra de los libre pensadores. En la cinta, uno nota como dos hilos de pensamiento vuelven a entrecruzarse para generar posturas y acciones antagónicas. Por un lado está el fanatismo recreado en la reminiscencia de una iglesia guardiana del “saber” y las tradiciones y que se nos antoja aún (sólo en momentos) incrustada en la Edad Media”; y la ciencia representada por el protagonista del film (Tom Hanks), un científico que no acepta a la fe como elemento objetivo del conocimiento.
Al ver la cinta, uno llega a pensar que los espectadores han sido preparados sólo para ver una lucha entre estos dos enemigos que se han declarado la guerra a muerte. La venganza cobra vida con los Iluminati que se valen del robo de un arma muy poderosa con la que pretenden destruir tanto al Vaticano como a los cardenales elegibles para ser Papas y con ello a la iglesia misma como institución.
Así, pues, entre la celebración del Cónclave del cuerpo cardenalicio para elegir al nuevo Obispo de Roma, el aniquilamiento de los elegibles y la sospecha de que los Iluminati han penetrado el Vaticano, se desarrolla una carrera contra el tiempo en la que el profesor (Tom Hanks) debe descifrar las pistas que le permitan evitar los asesinatos y a la vez, hallar el arma antes de que produzca su irreversible daño.
Para ello cuenta con la incondicional ayuda del Camarlengo (favorito del Papa); de la Guardia Suiza con un reservado y sospechoso jefe; y de la policía con su ya consabida impericia.
Pero un giro final traerá claridad a toda la trama y, finalmente, se descubrirá que todo el complot fue armado por un celoso Camarlengo que ocultaba su deseo de salvaguardar a la Iglesia Católica de los cambios producidos por la ciencia.
A título personal, considero que una reflexión final tal vez sea necesaria, pues quienes creen que la ciencia y la fe llevan caminos paralelos, ignoran que Dios no está reñido con la primera, es más bien su origen y guardián y le ha dado al hombre la capacidad para entenderla y usarla para el bien. Pero el hombre ha desviado este propósito y la ha usado para el mal convirtiéndola en la antagonista de la fe y le ha trazado un camino propio divorciándola de su origen. La pregunta que queda en el aire es, ¿quién representa en la cinta a los “ángeles” y quién a los “demonios”? Es una metáfora que sólo la resolverá el espectador. Pero sí queda claro que hay una fragilidad en la fe cristiana cuando se cierra a la razón y se practica sin una base objetiva: La Biblia.