Todo estreno de Woody Allen concita mucha atención y si le sumas la participación de Scarlett Johanson, Javier Bardem y Penélope
Cruz la espectativa se eleva.
La película comienza con una música estridente a la que el oido demora en acostumbrarse, pero que al rato resulta muy pegadiza. Las imágenes de Barcelona son excelentes, muestran una ciudad de postal para turistas y un estilo de vida idílico.
El recurso del narrador, que le va explicando al espectador lo que pasa o pasó, lo que sienten, piensan o reflexionan los personajes, es excesivo. Pasa mucha cosa "porque te la cuentan", pero poco se ve. Con esto, los actores ven muy aliviado su desempeño.
La historia es poco creíble, si bien Barcelona es hermosa, el mundo bohemio del arte que se muestra con viajes en jets privados, viviendo en palacetes de ensueño y disfrutando de vinos carísimos, no contribuye a la credibilidad. No se entiende para donde va la historia, pasean, hacen el amor y plantean cuestiones de parejas en forma superficial que no llegan a cerrar. La participación de Penélope Cruz cambia el ritmo de la película que a esa altura se estaba quedando, dándole algo más de pimienta (o sal como dice Bardem) tanto como para ganar el Oscar a la mejor actriz secundaria.
Una comedia bizarra, que no se sabe a donde va y que al terminar te deja la sensación de que todo ese rollo fue en vano, incluso tu tiempo en la sala.
Esta película, además ganó este año el Globo de Oro: Mejor película musical/comedia / Comedia romántica.