Después de un terrible desastre ecológico, la humanidad que logró
sobrevivir está separada del mundo sin ninguna opción
de salir de un
organizado confinamiento, salvo el único lugar sin contaminación en el
mundo, y que se maneja como un premio para los afortunados de un
concurso entre todos los residentes: "La isla". Al menos eso es lo que
hacen creer a unos cientos de personas que permanecen perfectamente
controladas y restringidas hasta en los más mínimos detalles, sin más
acceso al exterior que la imagen que brindan las ventanas. Uno de esos
confinados, Lincoln Seis-Eco (Ewan Macgregor), padece a diario la misma
pesadilla y es uno de los pocos que se cuestiona verdaderamente su
razón de ser en ese lugar, de tal suerte que su curiosidad lo lleva a
investigar los más íntimos secretos de aquel confinamiento. Descubre
que en realidad ha estado viviendo una mentira toda su vida, porque
resulta que el lugar es una institución que se dedica a la producción
de clones con fines médicos, de tal manera que en cuanto necesitan a
alguno, sólo deben decirle que ha ganado un boleto a "La isla" y nunca
volver a ser visto. Lincoln Seis-Eco logra escapar junto con Jordan
Dos-Delta (Sacrlett Johansson) y, como siempre sucede con Hollywood,
pone fin a la mentira, no sin antes haber pasado espectaculares escenas
de destrucción en su intento, más que justificado, de conservar su
vida. Por supuesto, se toca el tema ético a partir de la conciencia de
sí mismos que adquieren los clones, pero de una manera tan superficial,
que queda relegado muy a la sombra del romance entre los protagonistas.