Stanzi (Romy Schneider) proviene de un pueblo pequeño donde, en una feria, obtiene una previsión de su
futuro. Curiosa por saber si se cumple todo lo que está escrito, se traslada a Viena a casa de su tía (Magda Schneider). Su tía posee una panadería que suministra pan a la Corte del
Emperador austriaco.
En su estancia en Viena, Stanzi ayuda a su tía en la panadería y conoce a un joven funcionario y compositor, quien, enamorado de Stanzi, le enseña un poco la ciudad y compone una marcha. La joven, emocionada con la música del funcionario y queriendo ayudarle para que prospere, hace llegar la partitura al emperador.
Una película con mucho amor, música, alguna intriga y malos entendidos como se solía rodar hace antaño.