LAS MUJERES, PROTAGONISTAS. El título de la película ya merece la atención del espectador,
Las mujeres
de verdad tienen curvas, en donde un espectador masculino pensaria en qué tipo de curvas, mientras que una espectadora daría la vuelta a la caratula de la película y se leería la sinopsis antes de opinar.
La película, dirigida por los ojos femeninos de Patricia Cardoso, tiene como protagonista a una mujer latina rellenita, entrada en carnes. Ana (America Ferrera) es una estudiante brillante, con ganas de ir a la universidad, pero sin recursos y con una madre cuya única obsesión es que adelgace y mantenga el tipo para encontrar un marido provechoso. Una madre que ha trabajado toda la vida para sacar adelante a sus hijas, que ha tirado la toalla con la hija mayor para que se case -hija empresaria también entrada en carnes-, y que provoca el rechazo del público con sus continuas groserías hacia el aspecto fisico de las personas más cercanas.
La mujer, indiscutiblamente, es la protagonista de esta película. La relación madre-hija (¿dará o no la madre la bendición a su hija para que se marche a estudiar?); la importancia-relatividad del aspecto fisico desde la óptica de una mujer; la diferencia generacional con respecto al sexo; la mujer en el trabajo (desde la actitud de la hermana de Ana, pequeña empresaria que da trabajo incluso a su madre, hasta la ejecutiva agresiva que trata con desdén a sus proveedoras);
Por ello, resulta curioso también, en contraposición a la visión femenina de la historia, que los hombres de la historia, aparecen casi siempre en la escena comiendo, descansando, jugando al dominó, conversando amigablemente, casi nunca trabajando. Sin embargo, y dentro de la sencillez del
estereotipo masculino, es precisamente el padre de Ana quien mejor entiende a las
mujeres.
Y un detalle para la reflexión, la protagonista, aún chocando continuamente con la figura de su madre, termina caminando como una "señora" tal y como le había enseñado su madre en su día.