Han pasado 18 años desde la “Última Cruzada” pero el misterio y el peligro siguen persiguiendo
a Indiana Jones.
Estamos en 1957. Elvis triunfa con “Hound Dog” (Perro de Caza) y, al ritmo de esta canción, arranca una nueva aventura en la que el Dr. Jones y su amigo Mac son conducidos, contra su voluntad, por un contingente militar ruso, hasta un gigantesco almacén situado en el estado de Nevada donde, al parecer, el Gobierno americano custodia tesoros y reliquias de todos los tiempos. Tras eliminar a los militares americanos que vigilan el lugar, el jefe de los rusos, la coronel Irina Spalko, experta en temas paranormales, ordena a Indy que busque, entre los innumerables tesoros que se esconden en el almacén, uno en particular y sobre el cual el Dr. Jones hizo unos análisis, diez años atrás, en 1947, cuando el gobierno americano le requirió, bajo coacción, y junto con otros hombres, para formar parte de un experimento del que Indy no llegó a tener total conocimiento. Con su habitual habilidad, Indy les conduce al objeto en cuestión, un contenedor rectangular con restos momificados, y consigue escapar del pelotón armado que pretendía matarle, reincorporándose, después de otro accidentado suceso, a su trabajo de profesor en la Universidad. Pero sus problemas no han hecho más que empezar. Estamos en la época de la “caza de brujas” donde cualquier sospecha de contacto con los comunistas puede arruinar la vida de una persona y, la sombra “roja”, cae sobre Indiana Jones, siendo, como consecuencia, expulsado de la Universidad.
Dispuesto a rehacer su vida en Europa, sus planes se ven alterados con la llegada de un joven, de aspecto rockero (y con una imagen muy a lo Marlon Brando), llamado Mutt Williams, que le pide ayuda para que vaya a rescatar a un antiguo colega de Indy, el profesor Oxley, y a la madre del muchacho, que también está presa. El motivo: la leyenda de la “ Calavera de Cristal”, según la cual, quién encuentre una de ellas y la restituya a la mítica ciudad de Acator (en el Amazonia), tendrá un poder inmenso. La misión de Indy, a partir de ese momento, será la de encontrar la calavera para salvar a sus amigos y, con la ayuda del rebelde Mutt, se verán envueltos en un sinfín de aventuras llenas de emoción y donde Indy volverá a verse las caras, de nuevo, con la coronel Spalko.
Casi veinte años después, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, es una película de “reencuentros” y “descubrimientos” que constituye una digna secuela de las tres brillantes anteriores. Plagada de guiños y diálogos chispeantes, vemos a un Indiana más mayor, pero no menos peleón y testarudo, que sigue siendo el azote y castigo de los villanos, antaño los nazis, ahora los comunistas rusos.
Los fans de Indy no se sentirán defraudados por esta continuación tantos años esperada y podrán disfrutar una vez más, del fascinante espectáculo que Spielberg y Lucas crearon allá por 1981 y que cautivó al mundo entero. La fascinación de Lucas por la estética “American Graffiti” y la afición de Spielberg por lo paranormal se dan cita aquí en el “Reino de la Calavera de Cristal”. Si a esto unimos la fantástica e inconfundible partitura de John Williams, cuyas notas conocemos y tarareamos ya todos, el entretenimiento y la emoción están garantizados.
Queda por saber quién recogerá el “testigo” de Indy, aunque quizás, ese sea un enigma mucho más grande que el del “Reino de la Calavera de Cristal”…