Hay numerosas
leyendas que explican cuándo comenzó a consumirse el café como bebida. En ciertos documentos del siglo IX se
describe la planta silvestre en Etiopía. La leyenda más famosa se refiere a un pastor de cabras de la meseta de Kaffa (en Etiopía), que luego de observar cómo los animales estaban excitados, decidió ir a un monasterio con la intención de expulsar de ellos al demonio. El prior investigó sobre el alimento que habían consumido las cabras y terminó encontrando la causa en los frutos rojos del cafeto. Entonces, preparó la decocción de las semillas de esa planta, y al probarla, comprobó que disminuía su sueño. Pronto, su comunidad pasó a utilizar aquella bebida que les facilitaba las vigilias.
Más allá de las fábulas, los médicos Rhazés (865-923) y
Avicena (980-1037) ya hablaban en sus obras sobre plantas que hoy identificamos como el café. Hechos y manuscritos coinciden en que la planta silvestre etíope pasó a cultivarse en Yemen. En cualquier caso, el origen de la bebida está vinculada al mundo árabe, y se puede asegurar que los primeros lugares de venta y degustación se abrieron en la Meca a principios del siglo XV. Su universalización seguiría a través de Persia, El cairo, Estambul para llegar a Europa por Venecia, Viena y Marsella.