Hace mucho tiempo éramos cazadores y recolectores. Migrábamos constantemente en busca de alimento, hasta
que inventamos una nueva forma de vivir. A partir de la agricultura, es ser humano pudo establecerse en lugares fijos, lo que sentó las bases para la edificación de pueblos y ciudades y la conformación de civilizaciones. Por medio de la selección y cultivo sistematizados, el ser humano logró volver a ciertas especies más resistentes y productivas.
Muchas cosas han cambiado desde entonces, aunque nuestra inquietud por encontrar soluciones permanece intacta. El respaldo de la ciencia y la tecnología nos ha permitido crear nuevas herramientas para perfeccionar nuestros métodos agrícolas, con lo que seguimos hallando formas más eficientes de convivencia con el entorno.
En la década de los setenta del siglo pasado nació la ingeniería genética, una disciplina científica que ha permitido transformar la naturaleza más rápida y directamente, mediante la transferencia de material genético de un organismo a otro; es decir, eligiendo genes con alguna función específica para insertarlos en un organismo que carezca de ella. Para los cultivos, generalmente se utilizan genes que mejoran el rendimiento, reducen los costos de producción y ofrecen otras ventajas agronómicas, como la obtención de plantas resistentes a enfermedades causadas por virus. Pero como sucede con todo lo relacionado con la tecnología, los organismos genéticamente modificados (OMG) también implican riesgos potenciales que es necesario calcular.
Arroz Dorado En el sureste asiático se registran numerosos casos de xeroftalmina, un padecimiento que puede conducir a la ceguera, causado por la deficiencia de
vitamina A en la dieta. Ese micronutriente, también llamado retinol, se encuentra en mayor abundancia en los peces y en las grasas lácteas. Aunque ningún ejemplar del reino vegetal contiene vitamina A, algunas plantas cuentan con una clase de pigmentos que al ser ingeridos se convierten es esa sustancia; el más eficiente es el
betacaroteno o provitamina A, responsable del color naranja de las zanahorias.
Actualmente, 250 millones de personas sufren las consecuencias de la ausencia de vitamina A en sus dietas, pierden la vista y su sistema inmune se vuelve ineficaz. Los más afectados son los niños, y un gran porcentaje vive Asia, donde el alimento base es el arroz.
Este grano aporta muchas calorías y proteínas a sus consumidores; sin embargo, a pesar de que la planta cuenta con l os pigmentos necesarios para ser transformados en vitamina A, éstos se encuentran únicamente en las hojas, no en la porción comestible.
En 1999, el arroz dorado -llamado así por la coloración que el betacaroteno le proporciona a sus semillas - surgió como alternativa. Esta variedad se produjo a partir de la combinación genética de tres especies diferentes -el narciso, la bacteria Erwinia uredovora y el maíz -, gracias a la cual el grano contiene 20 veces más retinol. Fue modificado en un laboratorio suizo, con el fin de convertirlo en una fuente de provitamina A en los países que lo necesitaran; no obstante, su adopción en los mismos ha sido lenta.
Disípar dudas
Falta mucho para evaluar adecuadamente los alcances sanitarios, económicos, ambientales y sociales de estos cultivos. La razón por la que el arroz dorado no ha tenido el éxito esperado es que cuando la dieta de una persona es pobre y se basa casi exclusivamente en este grano, el retinol no es la única carencia; la falta de grasas animales es determinante, ya que éstas ayudan en la asimilación de la vitamina A. Además, sea por falta de información o por temor a introducir OGM en sus cuerpos y cultivos, los campesinos asiáticos dudan en aceptar esta variedad del cereal.