Los
tranquilizantes son un grupo de
drogas prescribidas para calmar la
ansiedad, tensión y agitación. También conocidos como ataracticos o
ansiolíticos, actúan como depresores suaves del sistema nervioso
central. Aunque tienen comparativamente pocos efectos negativos pueden
ocasionar mareos y confusión mental.
Algunas veces son clasificados como depresores suaves en comparación
con drogas sedantes como los barbitúricos,
usadas en los desórdenes
mentales, y el alcohol.
Grupalmente, los tranquilizantes son las drogas de prescripción más
comunmente usadas en los Estados Unidos.
Incluyen a las benzodiazepinas
como el Valium, Librium, y
Alprazolam; difenilmetanos como Vistaril y
Atarax; y los propanedioles como el tibamato y el meprobamato
(Equanil y Miltown).
Los fisiólogos eligen entre los diferentes tranquilizantes de acuerdo a
la necesidad que desean satisfacer. La ansiedad es una respuesta
normal al estrés y requiere tratamiento únicamente cuando el grado de
alteración del sistema nervioso interfiere con el funcionamiento normal
del paciente. Tales alteraciones pueden involucrar más notablemente
ataques de pánico, para los que el alprazolam (Xanax) ha probado ser
útil. Otras formas de disturbios incluyen taquicardia, palpitaciones,
movimientos involuntarios, insomnio u otros desórdenes del sueño,
diarrea, dolor de cabeza, orinar con mayor frecuencia y malestares
gastrointestinales. Esta gama de síntomas, sin embargo, se puede dar al
azar.
El continuo uso de tranquilizantes disminuye su efectividad y puede
causar dependencia. El Valium, por ejemplo, ahora es prescribido
únicamente de manera limitada por esta razón.
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