Quizás después de los resultados de los estudios hechos en el Centro de Psicología ISEP Clinic todos le daremos la bienvenida a permitirnos y permitir a nuestros niños momentos de haraganearía, esos momentos que intentamos borrar de nuestra vida cotidiana por no ser socialmente aceptables, resultan ser sumamente necesarios para no perder la autonomía y la capacidad creativa.
En palabras de los investigadores de dicho Centro estamos criando " una generación de niños con la inteligencia anestesiada y faltos de tiempo para no hacer nada", y el llamado es a "Qué se aburran, por Dios, que se aburran!"
Obviamente la conclusión es que programar un día del comienzo al final no es nada saludable ya que: "Cuando el organismo recibe este pequeño aporte de relajación, la mente muestra mayor vigor y disposición para la creatividad"
Lo aconsejable es entonces permitirnos y permitir a nuestros hijos esos momentos de holgazanería ya que proporcionan al cerebro la recuperación de energía y la reparación de sensaciones placenteras, muchas veces desconocidas o perdidas definitivamente por causa de una agenda copada que flaco favor nos hace.
Retomemos este buen hábito de la vida de nuestros abuelos.
Así que, qué tal un rato de flojera sin remordimientos!