Los precedentes de la
hipnosis se pueden encontrar en los llamados Templos del Sueño de los egipcios. Sin embargo hay que
esperar al siglo XVIII en el que un medico austríaco, Franz Anton Mesmer, formuló la teoría del magnetismo animal por la que todo ser vivo irradia un tipo de energía parecido al magnetismo y que puede transmitirse de unos seres a otros. Mesmer llegó a ser famoso por sus curaciones, pero la Academia de Medicina de Francia dictaminó que no existía influencia magnética en las curaciones de Mesmer. Fueron los discípulos de Mesmer los que descubrirían que tales curaciones se producían por una condición llamada sugestión.
El término hipnosis lo acuñó James Braid y explicó que el proceso consistía en "la fijación sostenida de la mirada, que paraliza los centros nerviosos de los ojos y sus dependencias alterando el equilibrio del sistema nervioso". En resumen, se puede decir que la hipnosis es una técnica con la que se consigue un estado psico-fisiológico diferente del estado de vigilia normal. Esto se manifiesta en los contenidos de los electroencefalogramas que son distintos en las personas hipnotizadas y los de las personas despiertas. Una característica importante es que la persona bajo hipnosis acepta como reales las sugestiones que les indica el hipnotizador. Esto ocurre porque se produce una disociación entre el consciente y el inconsciente en la actividad mental, y la mente del individuo hipnotizado opera con el inconsciente. La hipnosis está contraindicada en los casos en los que el paciente sufre epilepsia o esquizofrenia.
La hipnosis, como la sofrología (una técnica parecida pero en la que no se pierde la consciencia) pueden aplicarse en loa curación de enfermedades psicógenas o psicosomáticas, a la extracción sin dolor de piezas dentales, se aplica también en dermatología, en trastornos mentales: fobias, miedos, traumas, depresión, angustia, nerviosismo, estrés, etc.
El hipnotizador o el hipnólogo (si hablamos del terapeuta), hace pasar a la persona hipnotizada por tres fases: un trance superficial en el que el sujeto relaja la musculatura de su cuerpo en general: es el estado letárgico. Posteriormente, cuando la persona se relaja más y su cuerpo se abandona pudiendo llegar a un estado de rigidez total, es el estado cataléptico o trance medio. Y finalmente, el trance más profundo que correspondería al estado sonambúlico en el que el individuo es capaz de abrir los ojos sin salir del sueño hipnótico, aceptando todas las sugestiones que le imponga el hipnotizador.
En estado hipnótico es fácil producir fenómenos como la
telepatía, el hipnotizador puede recordar supuestas vidas anteriores y hablar en idiomas que no conoce (
xenoglosia), o la capacidad de predecir el futuro o reconocer hechos de un pasado remoto. La explicación parece ser la de que en estado de hipnosis nuestra mente actúa bajo unos parámetros diferentes de los que comúnmente entendemos como espacio / tiempo.
Las técnicas han evolucionado, por ejemplo el norteamericano Dr. Milton Erickson, que trabajaba con sus pacientes usando metáforas o formas determinadas de hablarles, para inducirles ciertas reacciones psico-emocionales que les curasen de sus trastornos mentales, sin necesidad de una hipnosis clásica, o el doctor valenciano Antonio Escudero, que llama a su técnica Noesiología o anestésia psicológica, en la que opera a sus pacientes completamente despiertos y sin anestesia química, llegando incluso a conversar con ellos durante la intervención quirúrgica.