La
sífilis era una enfermedad causante de un gran número de muertes que se presentaba con llagas en la piel y destruía el
aparato cardiovascular.
Paul Erlich en 1909 descubre el compuesto 606 inyectando a sus conejos afectados de
sífilis en el laboratorio un químico basado en arsénico, los conejos se recuperaron, volvió a inyectar a otros conejos y estos también se recuperaron sin tener ningún síntoma. No solo había descubierto la cura para la sífilis sino también la práctica moderna de la quimioterapia.
Era 1910 cuando Salvarsan, la píldora mágica, como la llamaron había sido efectiva en 10.000 casos, la farmacéutica alemana fabricaba 14.000 frascos por día.
Erlich fue considerado como el príncipe de la ciencia.
Sus detractores decían que Salvarsan era un medicamento tóxico, su respuesta fue que era un riesgo calculado como el cuchillo del cirujano Salvarsan separa lo infectado de lo sano.
Salvarsan fue el primer remedio para la sífilis hasta el descubrimiento de la penicilina en 1940.