Pepito invita a Pepita a su casa en la tarde a “hacer tareas”. Pepita acepta y va. ¡Que coincidencia! Esa tarde Pepito está solo en casa. Pepita sabe que no va a
hacer tareas y lleva condones en el morral. Pepito no la invitó a hacer tareas y compra condones que pone en su mesita de noche. Mientras estaban haciendo las tareas, “las cosas se dan” (porque ni el ni ella lo programaron ¡qué tal!) y se involucran en una actividad sexual.
Miren ustedes, Pepita tiene condones en el morral, y no los saca porque que tal quedar como que lo hubiera planeado, que tal quedar como que lo deseaba, eso es de una “mala mujer”. Y prefiere ponerse en
riesgo (que los conoce) antes que asumir la
sexualidad como una potestad personal valiosa y ejercerla conscientemente.
Pepito tiene condones en la mesa de noche, al alcance de su mano, y no los usa porque que tal hacer pensar a Pepita (que sí que lo tenía claro) que la invitó no a hacer las tareas sino a tener actividades sexuales. No ven que los hombres “son unas bestias
sexuales que siempre quieren lo mismo”, y el quiere demostrar que no es así.
Para no alargar las cosas son estos
factores de tipo sociocultural los verdaderos factores de riesgo para la adquisición y transmisión de infecciones sexuales y para las gestaciones inoportunas, no sólo en la adolescencia; si ampliamos un poco el espectro, encontramos en esta misma raiz los factores de riesgo para la violencia de género, para la violencia por intolerancia a la diversidad sexual, para la gran cantidad de disfunsiones sexuales<1>, en fin, para el efecto negativo que en la calidad general de vida tiene el ejercicio de su sexualidad en tantas y tantas personas.
Cualquier proceso de educación sexual o de prestación de servicios de salud sexual y reproductiva que no tenga en cuenta las precisiones antedichas pecará de ingenuo y su efecto positivo en la comunidad será nulo.
· La sexualidad en la infancia es una realidad incuestionable.
· La sexualidad infantil es cualitativamente diferente de la del adulto. Su motivación es la curiosidad (no el deseo) y el placer experimentado es más inespecífico.
· Son válidas las actividades exploratotias entre niños, entre niñas y entre niños y niñas (dentro de los límites que discutimos).
· La actitud de los (as) tutores (as) ante las preguntas y comportamientos sexuales de los niños (as) es un factor clave en su proceso de desarrollo psicosexual.
· Por ello, la educación sexual formal para la infancia se debe dirigir a los (as) tutores.
· Si no sé qué hacer ante una conducta sexual infantil, le quito el componente sexual y ya de manera desprevenida, decido.
· La sexualidad adolescente es un hecho incuestionable e insoslayable.
· La educación sexual positiva no lanza al (a la) adolescente a una vida de “lujuria desenfrenada”. Canaliza lo que es una realiadad incontestable.
· Placer no significa desenfreno ni irresponsabilidad.
· El autoerotismo y las actividades sexuales no coitales son cruciales en el aprendiazje y madurez erótica.
· Los que describíamos como Servidumbres Sociales de lo Erótico en la unidad número 4 para hablar de causas de problemas sexuales en la adultez, son los mismos que se configuran como los reales factores de riesgo para el ejercicio de la sexualidad en la adolescencia.
·
Más reseñas sobre Sexualidad en adolescentes.