La menstruación es la descarga mensual en la mujer de la capa interna del útero (endometrio). Dura alrededor de 4 a 5 días y
ocurre como promedio cada 28 días. Durante el
ciclo menstrual, un óvulo (ovocito) madura y es liberado a lo cual se le llama ovulación. Al mismo tiempo, el endometrio se engrosa creando un medio apropiado para que el óvulo fertilizado pueda llegar a convertirse en feto. Si la fecundación no ocurre, esta capa se desecha provocando la menstruación. Es por eso que su ausencia puede ser el primer signo de embarazo.
Fases del ciclo El inicio del flujo
menstrual se considera el primer día del ciclo. Aunque un ciclo promedio tiene 28 días, el rango puede ir de 21 a 35 días. El clima, los factores emocionales, la edad y los medicamentos pueden alterar su duración.
El período comprendido entre los días del 1 al 13 del ciclo se denomina
Fase folicular. En este tiempo crecen los folículos, estructuras redondeadas que envuelven cada óvulo en el ovario. Las mujeres nacen con alrededor de 2 millones de folículos. Al comienzo de cada ciclo menstrual un grupo de folículos se agranda y se llena de fluido. Para el quinto o sexto día, uno de ellos comienza a crecer más alcanzando alrededor de 2 cm mientras que los otros se desintegran. En la mitad del ciclo (día 14), el
ovocito que está dentro del folículo madura, se rompe y desprende al ovocito ocurriendo la ovulación.
El ovocito es liberado dentro de la cavidad abdominal donde es tomado por la fimbria, una estructura al final de la trompa de Falopio u oviducto que reviste cada ovario. La fimbria capta al ovocito al interior de la trompa de Falopio, llevándolo a la zona ampular, una región donde tiene lugar la fecundación. Esta ocurre normalmente dentro de las 24 horas siguientes a la ovulación y el embrión se implanta en el útero alrededor de 6 días después. Si la fecundación no ocurre, el ovocito degenera y es reabsorbido por los procesos corporales normales.
De los días 14 al 28 corresponden a la segunda parte del ciclo llamada fase lútea, debido a que después de la ovulación, el folículo colapsado se transforma en el cuerpo lúteo que segrega progesterona. La fase lútea es la más constante del ciclo menstrual normal. En contraste, la fase folicular es la más variable.
Control hormonal del ciclo El ciclo menstrual está bajo un estricto control hormonal. Al comienzo de la fase folicular hay un incremento de la secreción de la hormona folículo-estimulante (FSH) desde la glándula pituitaria localizada en la base del cerebro. Este aumento de FSH estimula el crecimiento del folículo dominante.
A medida que se libera más FSH, el folículo dominante segrega más estrógeno. Esto provoca el crecimiento de las glándulas uterinas y la capa interna del útero como preparación para la implantación del embrión. Sin embargo, los
niveles crecientes de estrógeno también inhiben la acción de la pituitaria para liberar más FSH, dando como resultado una disminución de esta. Los niveles crecientes de estrógeno también estimulan en el cerebro la liberación de la hormona luteínica (LH) provocando su descarga desde la glándula pituitaria aproximadamente para el día 14 (mitad del ciclo). La ovulación ocurre 36 horas después de la liberación de LH.
Después de la ovulación, la LH provoca que las células del folículo liberado se conviertan en el cuerpo lúteo (corpus luteum). Este todavía segrega estrógeno, pero una cantidad menor que antes de la ovulación. También segrega la segunda hormona femenina más importante, la progesterona. Durante la fase lútea, la
progesterona provoca la maduración de glándulas en la pared del útero y que estas comiencen a segregar sustancias que son esenciales para la supervivencia e implantación del embrión en caso de fecundación. La progesterona también inhibe los centros de liberación de FSH en el cerebro, permitiendo así el comienzo de un nuevo ciclo.
Menstruación Si no ocurre la fecundación, los niveles elevados de progesterona segregados por el cuerpo lúteo inhiben los centros cerebrales que dirigen la producción de LH, provocando niveles decrecientes de esta hormona. Como ella es responsable de mantener la secreción de progesterona desde el cuerpo lúteo, este comienza a reducirse y detiene la producción de progesterona, degenerando y cesando su producción hormonal. Los mecanismos para producir FSH en el cerebro se liberan de su inhibición por la progesterona, comenzando a aumentar los niveles de esta hormona y augurando el comienzo de un nuevo ciclo.
Mientras tanto, como los niveles de progesterona decaen, el apoyo hormonal para el recubrimiento del útero se pierde y el cuerpo comienza a reabsorber el tejido que se creó durante el ciclo. Existe una mayor cantidad de tejido de la que puede ser reabsorbida y esto constituye el flujo menstrual mensual, que consiste en el exceso de epitelio uterino y sangre.
Manifestaciones físicas del ciclo La aparición cíclica de varios síntomas físicos y de comportamiento ha sido reconocida como síndrome premenstrual (PMS). Los síntomas físicos más frecuentes son la distensión abdominal, aumento de la sensibilidad en los pechos, retención de líquido y dolores de cabeza. Los síntomas del comportamiento incluyen ansiedad, ataques de llanto, depresión, fatiga, irritabilidad y cambios en el apetito. Estos síntomas normalmente ocurren en los últimos 7 a 10 días del ciclo. Aunque las causas exactas del PMS se desconocen, se cree que se deba a los niveles hormonales cambiantes.
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