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Inmadurez emocional, inseguridad y la eterna adolescencia
INMADUREZ EMOCIONAL, INSEGURIDAD Y LA ETERNA ADOLESCENCIA
Dado que suele decirse que los jóvenes de hoy no alcanzan
la madurez afectiva de anteriores generaciones, se extraen párrafos salientes y comentarios sobre el libro "Síndrome de Peter Pan", del doctor en psiquiatría Aquilino Polaino Lorente, catedrático en Psicopatología de la Universidad Complutense española, quien se refiere a la "eterna adolescencia".
Sobre la madurez afectiva el autor vincula la personalidad con lo biológico (el nivel de glucosa en sangre, las hormonas), al tiempo que sostiene que la capacidad afectiva tiene mucho que ver con la propia apreciación que hace el jóven de sí mismo y de los demás.
Aboga por una "personalidad equilibrada y libre", mientras aduce que hace falta "la fortaleza y la templanza" como herramientas para sentirse "más dueño de sí mismo y más libre". De lo contrario, el jóven se esclaviza de todo y sufre inseguridad y angustia.
"La persona inmadura presenta dificultades de adaptación: choca con los demás y podría padecer trastornos de personalidad."
Los planteamientos hedonistas, consumistas y materialistas “ahogan a niños y jóvenes” y les dificultan desarrollarse con normalidad. "Está mal visto, exigirse a uno mismo, no disfrutar de algunas cosas o no comprar el último modelo de lo que sea", manifiesta Polaino Lorente.
Formación de la personalidad
A la vez, José Luis Díez Pascual, Profesor español de Psicología y Pedagogía, autor de la "Educación para la Diversidad" alude a la influencia de los padres, de los educadores y del ambiente, que pueden resultar perjudiciales, como " potenciar la comodidad, evitar todos los disgustos a los hijos o a los alumnos y darles todo lo que pidan inmediatamente."
La madurez intelectual llega antes que la afectiva, los profesores tienden más a enseñar a “hacer” que enseñar a “ser”. Esta metodología influye en el conocimiento, pero no facilita la madurez emocional.
La gente inmadura está afectada de perfeccionismo. Se entrega al "hacer" y cuando "algo les sale mal se llenan de angustia".
Pascual afirma: "hoy la educación está en crisis, porque no se dan suficientes estímulos para disfrutar haciendo el bien y pasarlo mal cuando se hace lo malo".
Ambos autores coinciden en que la madurez afectiva depende del ambiente en el que se educa. Si es de cariño y aceptación, la persona asimila los criterios sobre el bien y el mal.
Si, en cambio, en la infancia se siembra temor y no se asimilan los valores, al llegar a la adolescencia aparece la rebelión de una forma exagerada. La falta de cariño produce inseguridad y un sentimiento de minusvalía y, unida a la inseguridad, irrumpe la angustia.
"La personalidad madura se consigue por un adecuado desarrollo de la inteligencia y la voluntad, un proceso que dura toda la vida. Siempre habrá que vencer los estados de ánimo o evitar la pereza. Si por medio de la inteligencia y la voluntad conocemos nuestros estados de ánimo, evitaremos un sin fin de problemas", argumenta Polaino Lorente.
"A partir de los siete u ocho años empiezan a prevalecer las tendencias del valer y del poder. Si en la formación del carácter no se han satisfecho estas tendencias, nos encontraremos ante la inmadurez afectiva. La necesidad de ser valorado y aceptado de cada persona es tan fuerte que se pone a su servicio tanto la inteligencia como la voluntad", agrega el catedrático.
Rasgos de la personalidad inmadura
La característica saliente es la inseguridad, pudiendo presentar los siguientes rasgos:
-sentimiento de inferioridad;
-angustia y nerviosismo;
-afán de perfeccionismo;
-rigidez que provoca conflictos con los demás, que tienen otras formas de actuar o de pensar;
-pesimismo: miedo a equivocarse;
-duda e indecisión: dependen siempre de alguien o de las innumerables metas que se van marcando;
-obsesivos: para no equivocarse, planean todo;
-elevada autoexigencia;
-extroversión: se vuelven hacia los demás, pero no se conocen;
-baja tolerancia a la frustración;
-inestabilidad de ánimo;
-respuestas emocionales desmesuradas;
susceptibilidad;
Como consecuencia de todo ello aparecen obsesiones, depresiones, fobias y angustia.
Cómo ayudar a los inmaduros
Diez Pascual da las siguientes pautas:
-facilitar el conocimiento personal, liberarlos de temores y dudas, que se olviden del “qué dirán”;ejerciten su voluntad en pequeñas cosas y acepten su realidad positiva para potenciarla y la negativa para mejorarla.
-fomentar una sana autoestima, que aprendan a ver lo positivo de los demás y "actuén de cara a su conciencia y a Dios";
-impulsar el desarrollo de objetivos superiores y enseñarles a ser felices con las cosas buenas y sencillas de la vida;
-que procuren dominar sus afectos y sus estados de ánimo;
-desarrollar aficciones gratificantes y enseñarles a saber “perder el tiempo” con los demás; así evitarán esa “avaricia” del tiempo y el estar continuamente realizando actividades productivas.
-aprender a relajarse; es conveniente “ir despacio” por la vida para poder tranquilizarse por dentro.
-dedicar el tiempo oportuno a descansar; dormir las horas suficientes; hacer algo de ejercicio físico, pasear;el cansancio físico despeja la mente.
Cómo educar para favorecer la madurez afectiva
Hay que valorar a los jóvenes como son y que se sientan queridos, ayudarlos a plantearse metas asequibles y constantes, potenciar su fortaleza con acciones sencillas, que tengan detalles de solidaridad con los demás y hacerles ver que "lo que cuesta, vale"; que entiendan que hay que cuidar lo que se tiene, no crearse necesidades y conjugar la libertad con la responsabilidad.
Publicado el: octubre 04, 2009
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