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Precisiones sobre la bipolaridad
PRECISIONES SOBRE DE LA BIPOLARIDAD
Los trastornos bipolares I y II son trastornos del estado de ánimo frecuentes,
graves y recurrentes, asociados con tasas elevadas de dos o más trastornos siquiátricos, suicidio, disfunción y una carga socioeconómica considerable. Esta definición forma parte de un estudio publicado por el experto estadounidense Charles Browden del Colegio Médico de Georgia.
Tradicionalmente el tratamiento de la bipolaridad se concentró en la terapia inmediata de la manía, cuya naturaleza crónica exige un tratamiento de mantenimiento prolongado.
La depresión bipolar, con mayor carga económica que la manía, es el trastorno del estado de ánimo predominante y produce mayor discapacidad. La farmacoterapia de mantenimiento puede reducir los riesgos asociados y la discapacidad funcional.
Existe una subestimación de la verdadera prevalencia mundial del trastorno bipolar con episodios maníaco depresivos. Una proporción de pacientes con diagnóstico de depresión mayor podrían presentar un trastorno bipolar. Así lo señala el British Journal of Psychaitry –apunta el autor- especificando que el trastorno afectivo bipolar se asocia con una mayor gravedad que la observada en la depresión mayor, ya que conlleva un riesgo superior de recurrencia y una mayor comorbilidad psiquiátrica.
A pesar de que la depresión es relativamente fácil de diagnosticar, la hipomanía (manía suave) usualmente es percibida como una sensación de bienestar, por lo cual en algunos pacientes bipolares el diagnóstico de esta última puede demorarse. Sin embargo, su reconocimiento resulta esencial para aplicar el tratamiento adecuado.
Trastornos Bipolar I y II
Hay un espectro bipolar que comprende distintos grados de gravedad. El denominado trastorno bipolar II presenta depresión mayor; el trastorno bipolar I, manía con depresión menor o manía pura, mientras que los trastornos menores comprenden la depresión leve, el trastorno bipolar menor y la hipomanía. Entre estas características, algunas aparentemente similares, se presentan diferencias en términos de antecedentes familiares, evolución, temperamento o riesgo de suicidio.
El British Journal hace hincapié en la necesidad de una definición “sensible y empíricamente validada” que permita la distinción temprana entre los trastornos bipolares mayores y menores.
Nuevos criterios de diagnóstico validado- sostiene Browden- deberán surgir además de los datos genéticos, de los resultados de estudios de seguimiento de largo plazo.
En muchos casos no existen criterios bien definidos para el diagnóstico de los pacientes bipolares, como es el caso de la hipomanía. Al considerar esta última como un estado de bienestar normal, los pacientes con trastorno bipolar II pueden recibir el dignóstico de depresión mayor. Sin embargo, la diferenciación entre ambas entidades es de gran importancia, ya que a pesar de que el trastorno se asocia con una mayor recurrencia y comorbilidad, su reconocimiento y tratamiento temprano mejoran notablemente su evolución.
Tratamiento con quetiapina
El Colegio Médico de Georgia considera que la quetiapina es una opción terapéutica eficaz y adecuada para manejar la agitación y agresión que presentan los pacientes bipolares durante un episodio de manía.
La quetiapina es una droga empleada para el tratamiento de la esquizofrenia que resulta bien tolerada y eficaz en pacientes con manía bipolar; sola o combinada con litio o divalproato, disminuye los signos de agitación y agresión en quienes presentan trastorno bipolar de tipo I y cursan un episodio maníaco. La mejoría ya comienza a experimentarse al cuarto día de tratamiento y prosigue a lo largo del tratamiento.
Publicado el: abril 20, 2009
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