Con la intención de conservar su lugar dentro del competido mercado de los alimentos, los campesinos han incrementado la
compra de esteroides y antibióticos para sus animales,
sustancias usadas para acelerar su crecimiento y prevenir enfermedades, pero que pueden tener consecuencias negativas en la salud de quien las consume.
La próxima inauguración de la 29 Olimpiada, el 8 de Agosto en Beijing, continúa causando expectativa a escala internacional, y no sólo por la fastuosidad que caracteriza al país más poblado del mundo (aproximadamente mil 300 millones de habitantes), cuya tradición cultural se remonta hasta 5 mil años de antigüedad, sino también por los acontecimientos que han rodeado el suceso deportivo más trascendente de este año.
En noviembre de 2006, por ejemplo, en un reportaje especial, la revista Swimnews divulgó información sobre la precaria seguridad alimentaria que impera en China, tras haberse detectado en alimentos de consumo corriente restos de drogas prohibidas-anabólicos y astroides-, además de pesticidas, fertilizantes y aditivos químicos de alto riesgo para la salud de los consumidores.
La noticia fue precedida por otros incidentes. Dos meses antes, en Shangai, 336 personas se vieron afectadas por un profundo malestar general después de haber comido carne de cerdo contaminada con anabólicos; además, como medida precautoria, se prohibió la venta del pescado turbot-muy popular entre la población-, debido al hallazgo de algunos productos cancerígenos en su composición bioquímica, y se dio a conocer el empleo de tintes químicos en los huevos de pato. Por si eso no bastara, se hizo famoso el episodio en el que alrededor de noventa comensales terminaron en el hospital, luego de consumir caracoles infectados por una gran variedad de parásitos.
Dentro de las causas atribuidas a estos hechos, destaca el escaso control de las autoridades gubernamentales sobre los cientos de millones de aldeanos chinos dedicados a las actividades agropecuarias, quienes llevan a cabo sus labores sin ningún tipo de regulación sanitaria. compra de astroides y antibióticos para sus animales, sustancias usadas para acelerar su crecimiento y prevenir negativas en la salud de quien las consume.
Recientemente la historia volvió a cobrar relevancia, pues uno de los miembros de Comité Olímpico estadounidense, Frank Puleo, encargado de el suministro alimentario para los deportistas de su país, se encontró con una pechuga "de 36 centímetros", que se exhibía en uno de los supermercados de la ciudad sede de la próxima Olimpiada.
De acuerdo con el testimonio de Puleo, luego de analizar la pieza de carne blanca, especialistas estadounidenses concluyeron que "estaba tan llena de astroides", que sus atletas"hubieran dado positivo, en caso de practicárseles un examen
antidopaje", por lo que con celeridad los comisionados de velar por la salud de los deportistas estadounidenses que asistirán a los juegos Olímpicos iniciaron los acuerdo con patrocinadores ara embarcar 25 mil libras de proteínas magras a China dos meses antes de la esperada inauguración.
La controversia ha sido uno de los rasgos distintivos de la Olimpiada de Beijing. Entre las pruebas de manipulación climática del año pasado -por medio de un mineral llamado diatomita, que es capaz de eliminar parte del vapor de las nubes-para evitar las lluvias de la temporada, y las protestas tibetanas suscitadas desde marzo, la magna justa deportiva continuará dando motivos para hablar.