• Los pacientes con aneurismas de aorta con diámetros comprendidos entre 3 y 4cm son vigilados semestralmente con ecografía.
Es importante en dichos pacientes controlar la hipertensión, ser agresivos en cuanto al control del tabaquismo y controlar el resto de los factores de riesgo (valores altos de colesterol, diabetes) para enfermedad cardiovascular.
• Existen dos alternativas para el tratamiento de los aneurismas.
• En septiembre de 1990 se realizó el primer tratamiento endoluminal (
mínimamente invasivo) de un aneurisma de aorta. Y dicho tratamiento se desarrolló en nuestro servicio, por el Dr. Juan Carlos Parodi y sus colaboradores, que desde entonces hasta la actualidad han desarrollado dicha técnica para convertirla en un procedimiento eficaz, seguro y que permita una rápida recuperación.
• El tratamiento endoluminal consiste en un procedimiento que se realiza bajo anestesia local o peridural, y que tiene como finalidad, evitar que el aneurisma crezca y se rompa. Mediante dos pequeñas incisiones inguinales, se introduce una prótesis que se despliega a nivel de la aorta. El aneurisma queda entonces excluido de la circulación sanguínea. Esto permite que a las 48hs. el paciente sea dado de alta y a la semana, pueda reinsertarse a su vida cotideana.
• Para aquellos pacientes en los que dicha técnica no puede aplicarse se le ofrece un tratamiento convencional (cirugía abierta) con resultados altamente positivos.
En el año 1976, Parodi y colaboradores comenzaron a desarrollar un proyecto para lograr la exclusión endovascular de dichos aneurismas, basados en los principios fundamentales del reemplazo aórtico protésico. El novedoso tratamiento, con el correr del tiempo fue transformándose en una alternativa factible, segura y menos invasiva, especialmente al disminuir la incidencia de complicaciones asociadas al procedimiento, y más aún en pacientes de alto riesgo.
El éxito de este tipo de procedimientos endovasculares se basa fundamentalmente en tres pilares: la correcta elección de la prótesis a utilizar, la experiencia en procedimientos endovasculares del equipo tratante y un seguimiento postoperatorio estricto.
Como lo informamos previamente, dicho abordaje se inició en nuestra institución en base a las investigaciones y desarrollos realizados por el Dr. Juan Carlos Parodi, en los Estados Unidos de América y en nuestro país. Se necesitó de experimentación animal y avances tecnológicos para concretarse en septiembre de 1990 como el primer procedimiento endovascular exitoso para el tratamiento de un aneurisma de aorta abdominal.
El concepto se basaba en el exclusión del aneurisma mediante la colocación de una endoprótesis. La misma se encontraba plegada dentro de una vaina, la cual se introducía por vía endoluminal desde un sitio remoto (femoral), hasta el aneurisma. Dicha prótesis se encontraba suturada en sus extremos a dos
stents, los cuales funcionaban como medio de fijación. Una vez colocada en posición, la expansión de los stents anclaba a la endoprótesis y excluía al aneurisma.
En la actualidad sólo se utilizan prótesis importadas que están autorizadas en los Estados Unidos para su venta y utilización (
tienen la aprobación por la Food and Drug Administration para la utilización en pacientes americanos portadores de un aneurisma de aorta abdominal infrarenal).
Con dichas endoprótesis hemos logrado tratar los aneurismas con un excelente tasa de éxito (
100% de exclusión del aneurisma sin mortalidad asociada). El procedimiento se realiza bajo anestesia local o peridural, a través de una pequeña incisión inguinal. El procedimiento se realiza bajo fluroscopía recubriendo toda la aorta distal infrarenal y ambas iliacas hasta el nacimiento de las arterias hipogástricas.
La tasa de complicaciones asociada a este tratamiento, tanto tempranas o tardías es escasa, especialmente en nuestro Servicio, luego de una experiencia que supera los quinientos casos.
Sin embargo así como surge un nuevo abordaje para el tratamiento de los aneurisma de aorta abdominal, también surgen complicaciones propias a dicho tratamiento.
Es justamente, el pasaje de sangre hacia el interior de la cavidad aneurismática producido por el sellamiento incompleto de la endoprótesis a lo que se define como filtración (
endoleak).
Podemos clasificar a las filtraciones fundamentalmente en cuatro grupos: tipo
I, a las relacionadas con los sitios de anclaje, tipo
II las no relacionadas a la endoprótesis (
flujo retrógrado por ramos colaterales del aneurisma), tipo
III provenientes de filtraciones entre segmentos en el caso de prótesis modulares o defectos en la prótesis y tipo IV secundarios a una alta porosidad del tejido.
Las primeras, en cualquiera de sus localizaciones acarrean el potencial de una expansión aneurismática alejada y por tanto un aumento en el riesgo de ruptura. Sin embargo no se han registrado dichas complicaciones (tipo I o III) en nuestros pacientes tratados con estas endoprótesis de tercera generación. En cuanto a los endoleaks tipo II si bien se presentaron en algunos de nuestros pacientes, estas presentan escasa significancia clínica.
Una más corta internación hospitalaria, una menor pérdida sanguínea, y una más rápida y completa recuperación caracterizan a esta intervención. La preselección minuciosa de pacientes y las habilidades quirúrgicas son los pilares en los que se apoya el éxito de esta técnica, factible y atrayente por su simplicidad. Sin embargo, será necesario tomar en cuenta la suma de pequeños detalles que deberán ser aplicados.