La confianza es uno de los principales pilares de las relaciones sociales. De manera que las consecuencias de una traición
pueden ser desastrosas, y las personas que han sufrido una traición tratan de evitar el contacto social. El neurocientífico Thomas Baumgartner y otros científicos de la universidad de Zurich en Alemania tratan de descubrir cómo se adapta el cerebro a la pérdida de la
confianza.
Los científicos que estudian las relaciones sociales utilizan un juego que se desarrolla entre dos personas. Un inversor tiene que adoptar una decisión difícil: conservar una cierta suma de dinero o compartirla con alguien de confianza (el otro inversor) bajo ciertas condiciones. Los expertos creen que la hormona oxitocina interviene en la generación de confianza. Baumgartner y su equipo están estudiando cómo actúa la oxitocina para facilitar un comportamiento confidente, viendo qué ocurre en el cerebro cuando se rompe la confianza. Para ello utilizan imágenes de resonancia magnética (FMRI) para escasear a 49 participantes a algunos de los que se les ha suministrado un placebo y a otros oxitocina mediante un spray nasal. En los que se les había suministrado placebo disminuyó su nivel de confianza después de descubrir que se había traicionado su confianza, pero los que recibieron continuaron invirtiendo de la misma forma en la que lo venían haciendo. Las respuestas neuronales fueron distintas para cada grupo, de manera que en el grupo que consumió oxitocina disminuyeron las respuestas en la amigdala (región del cerebro relacionada con el aprendizaje de la emoción y el temor) y el núcleo caudado (respuestas relacionadas con la recompensa y con el aprendizaje de la confianza). La oxitocina puede facilitar las relaciones sociales después de experiencias negativas. Conocer los niveles apropiados de oxitocina para conseguir las mejores respuestas en cuanto a ser confiados es una nueva meta de investigación.
Un artículo de la revista Scientific American.