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EL MALDITO ESTRÉS Y SUS CONSECUENCIAS
No como el fuego ni el sol, pero el estrés también quema. Cuando deja de ser una respuesta
adecuada al organismo y se convierte en un padecimiento constante, el estrés puede devenir en un agotamiento físico y emocional tan intenso que deja a la persona como calcinada. Especialmente en esta época del año.
El síndrome de burnout (o del quemado) es una patología que en 1974, el psiquiatra norteamericano Herbert Freudenberger comenzó a advertir en trabajadores de la salud y que hoy se percibe en más y más ámbitos laborales.
“El mundo actual con sus características de poca contención social, inseguridad, incertidumbre, es una precondición para que aparezca este problema”, se lamenta Isabel Perez Jáuregui, profesora e investigadora universitaria, psicoterapeuta, y autora del libro Estrés laboral y síndrome de burnout.
La despersonalización (el trabajador pierde el compromiso personal con la tarea y la hace de manera automática; la desensibilización emocional (la persona no reacciona emocionalmente en forma adecuada, pierde capacidad de empatía emocional para con los otros), y la disminución de la capacidad de iniciativa, junto a la sensación de bajo logro personal, son las tres grandes características”, detalla Daniel Lopez Rosetti, cardiólogo, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés.
Las personas tienen formas de manifestar su agotamiento profesional, como la angustia y sus equivalentes físicos: palpitaciones, sensación de falta de aire o de tener una pelota en el estómago, trastornos del sueño, fatiga aumentada – explica Gustavo Kasparas, médico especialista en psiquiatría y psicología médica.
Se estima que estas situaciones contribuyen a las actuales manifestaciones de enfermedad: el 13% de los trabajadores se queja de dolores de cabeza, un 17% de dolores musculares, un 20% de fatiga, y un 30% de dolor de espalda.
Publicado el: diciembre 20, 2007
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