REQUIEN POR UNOS KILOS MENOS -En los países ricos industrializados y naciones en desarrollo, cuando el abdomen crece y la
ropa comienza a quedase pequeña, es porque empieza un problema de coexistencia con la malnutrición que se esta convirtiendo con rapidez en parte de la condición humana. Este problema de abundancia descontrolada se debe a los cambios culturales y al entorno que irónicamente junto con los índices de desnutrición crónica, ha alcanzando las proporciones de una epidemia en apogeo mundial. Las investigaciones médicas dedican mucha atención al problema de sobrepeso y
obesidad y han revelado que un 37.5 por ciento de adultos presentan sobrepeso por mala alimentación y comer más de la cuenta, y un 9.6 por ciento, obesidad por enfermedades congénitas. Sin embargo, a diario desfilan como en pasarela en periódicos y revistas, la maratón de exposiciones informativas sobre formulas dietéticas y recomendaciones preventivas para combatir estos males nutricionales sin ser consideradas como enfermedades mortales que aquejan sus consecuencias a media humanidad. Pero, para unos no pasa de ser la pantalla de un simple concurso de la palabra escrita por expertos. Para otros, la invitación al desarrollo de la reflexión, el análisis y el convencimiento de que este mal nutricional no es solo responsabilidad su control y la prevención de enfermedades de salud pública, sino también a nivel individual, las personas pueden: Lograr un equilibrio energético y un peso normal. Reducir la ingesta de calorías procedentes de las grasas y cambiar del consumo de grasas saturadas al de grasas insaturadas. Aumentar el consumo de frutas y verduras, legumbres, granos integrales y frutos secos. Reducir la ingesta de azúcares. Aumentar la
actividad física (al menos 30 minutos de actividad física regular, de intensidad moderada, la mayoría de los días). Para reducir el peso puede ser necesaria una mayor actividad. Solo así cada persona desde su núcleo familiar le corresponde tomar conciencia y responsabilizarse en la protección y control de esta pandemia de obesidad. La puesta en práctica de estas recomendaciones requiere un compromiso político sostenido y la colaboración de muchos interesados, tanto públicos como privados. Los gobiernos deberían invertir mas en programas de educación como un factor de protección en ves de invertir en instrumentos bélicos para defensa de la soberanía, los asociados internacionales, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado tienen funciones fundamentales que desempeñar en la creación de ambientes sanos y en hacer asequibles y accesibles alternativas dietéticas más saludables. Esto es especialmente importante para los sectores más vulnerables de la sociedad (los pobres y los niños), cuyas opciones con respecto a los alimentos que consumen y a los entornos en los que viven son más limitadas. Las iniciativas de la industria alimentaría para reducir el tamaño de las raciones y el contenido de grasas, azúcares y sal de los alimentos procesados, incrementar la introducción de alternativas innovadoras, saludables y nutritivas, y reformular las actuales prácticas de mercado podrían acelerar los beneficios sanitarios en todo el mundo. Otro fenómeno ocurre en los países de ingresos bajos y medios en donde la subnutrición y la obesidad coexisten en un mismo país, una misma comunidad e incluso un mismo hogar, enfrentados en la actualidad a una doble carga de morbilidad y al drama de hacinamiento en centros de atención, clínicas y hospitales por el crecimiento de pacientes con enfermedades cardiovasculares, alteración en los niveles de colesterol y triglicéridos, diabetes, enfermedades del aparato locomotor, en particular la artrosis y algunos canceres, como los de endometrio, mama y colon... Impacientes esperan ser auscultados por el galeno de turno en salas y pasillos.