¿Cree usted que la práctica homosexual tiene su lugar hoy? Muchos responderán casi con cierto automatismo: ¡Sí! Sin embargo, ésta podría ser una respuesta que a la larga, por la fuerza de la repetición, se acepte como valedera sin analizar los elementos que señalan que más bien es una práctica perjudicial y que pone en peligro a la familia, a nuestros hijos y a toda la sociedad. Identidad
sexual junto con todo el artículo bien fundamentado sobre la Homosexualidad, es una postura que bien vale la pena leer sin prejuicios. Su punto de partida es la Revelación Bíblica, dándose algunas citas que, pese a que no apuntan a casos tan particulares de
homosexualismo como los que
hoy se ven, sí aciertan en señalar lo que Dios determina en torno a esta práctica.
Se ofrecen en este escrito argumentos que niegan la afirmación de que la
Homosexualidad tiene algún origen hormonal, innato y por lo tanto un derecho que hay que reclamar. Los estudios no dan resultados claros de que la homosexualidad tenga algún origen neurológico o cerebral. Además, la teoría genética de la homosexualidad ha sido descartada hoy en día y ningún científico serio asoma siquiera la posibilidad de una relación de causa y efecto. No obstante, sí se afirma que dichos aspectos pudieran predisponer al individuo a una práctica homosexual. Esto no refuerza el determinismo homosexual, sino establece que la persona puede escoger, resistir o vencer esta tal inclinación.
Por otro lado, hay también formas de percibir si un comportamiento es o no adecuado y perjudicial. Este es el caso de aquellos efectos que el homosexualismo tiene. Las prácticas oral-anal, por ejemplo, crean las condiciones para que haya un intercambio de gérmenes junto con los fluidos corporales entre uno y otro, favoreciendo el paso de dichos gérmenes al torrente sanguíneo; de allí que las enfermedades se transmiten convirtiéndose en algunos casos en una verdadera pandemia. Debe advertirse también que los activistas que favorecen nuevas leyes para que se acepten las prácticas homosexuales, le darán a su tiempo también cabida a otras formas aberrantes como la pedofilia y el sadomasoquismo. Estos grupos tan influyentes entre los políticos hoy en día por su capacidad de reunir grandes cantidades de dinero para financiar actividades políticas, y por el apoyo de los medios de comunicación, están usando tácticas que desvirtúan las cifras de porcentaje de
homosexuales en el mundo (señalan un 10 % cuando en realidad no es más que un 2.5 %) y ridiculizan a sus opositores llamándoles “homofóbicos”.
En el artículo no faltan estadísticas interesantes que explican la poca longevidad de los homosexuales y las
lesbianas debido a los contagios. Además, entre las demandas propuestas por los grupos activistas de homosexuales y lesbianas se presentan: la derogación de las leyes que impiden la sodomía; usar el dinero de impuestos para cambio de sexos; legalización de matrimonios homosexuales y adopción de niños; la participación libre y abierta de lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales en programas educativos, guarderías infantiles y en orientación; y anticonceptivos y abortos para todos entre otras.
La gran pregunta es, ¿quién o qué está en el fondo de todo este movimiento que pervierte el sexo y pone en peligro a la familia? La respuesta se encuentra en el Nuevo Testamento. Pablo dijo: “Porque nuestra
lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” (Efesios 6,12 NVI). La lucha entonces no es contra todas estas personas, sino contra el pecado que se promueve en estos movimientos. La lucha es espiritual y por tanto todos los cristianos deben unirse en oración a fin de resistir tal tendencia, y para que muchos homosexuales se conviertan. Esto traerá beneficios para la familia y para la nación.
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