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Síntesis y críticas breves

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ECOLOGÍA SOCIAL - CORPORACIONES, AGROCOMBUSTIBLES Y TRANSGÉNICOS

por : Articulador    

Autor : Silvia Ribeiro (La Jornada)
La ola de los agrocombustibles sigue avanzando, no porque sea buena para elambiente ni aporte solución alguna al cambio climático
global ­de hecho lo va aempeorar­ sino porque las industrias más poderosas del planeta lo ven como unafuente de jugosas ganancias y encima consiguen que muchos gobiernos las apoyencon leyes y subsidios. Las principales interesadas son las compañías deautomóviles (esperan que con el nuevo combustible la gente se vea obligada acambiar de carro), las petroleras (controlan el sistema de distribución decombustibles), las que controlan el comercio mundial de granos (ganarán tantocon el aumento de la demanda de agrocombustibles, como con el aumento de preciode los alimentos que deberán competir con éstos) y las trasnacionales detransgénicos agrícolas. Otros sectores que avizoran negocios con los combustibles agroindustriales sonlas grandes trasnacionales forestales y de plantas de celulosa (Stora Enso,Aracruz, Arauco, Botnia, Ence y otras), que ahora producen para la industria delpapel, pero que con mínimos cambios tecnológicos se pueden convertir en plantasde procesamiento de etanol. Igualmente, fabricantes industriales de alimentospara engorde de pollos y ganado, como Tyson Foods, han hecho alianzas conpetroleras (en el caso de Tyson con Conoco-Phillips) para la fabricación debiodiesel a partir de grasa animal. ¿Por qué el interés de las trasnacionales de transgénicos? Para empezar, porqueson prácticamente las mismas que controlan la mayoría de la venta de todas lassemillas comerciales. Actualmente, todas las semillas transgénicas que seplantan comercialmente en el mundo son controladas por Monsanto (casi 90 porciento), Syngenta, Dupont, Bayer, Dow y Basf. Al mismo tiempo, las tresprimeras, o sea Monsanto, Syngenta y Dupont, tienen juntas 44 por ciento de laventa de semillas patentadas en el mundo. Si consiguen consolidar nuevos nichosde venta que “necesiten” sus semillas patentadas, aumentarán sus ganancias y sucontrol sobre las semillas ­llave de toda la cadena alimentaria humana y animal­con el desembarco en otro sector clave: los combustibles. Todas las trasnacionales que controlan los transgénicos ya tienen inversiones eninvestigación y desarrollo sobre combustibles agroindustriales. La mayoría encultivos transgénicos con mayor contenido oleaginoso, de azúcar o almidón, perotambién en enzimas y bacterias transgénicas, que serían incorporadas a loscultivos o árboles, para acelerar el procesamiento poscosecha. Esas transnacionales ya ganan mucho con la expansión de los agrocombustibles,por ejemplo con el aumento devastador del área de soja transgénica en el ConoSur y todo Brasil, y con el aumento de maíz transgénico en Estados Unidos. Conla presentación de que serán para agrocombustibles o en algunos casos combinandoforraje y combustibles, esperan introducir al mercado nuevas semillasmanipuladas genéticamente. Semillas que, por cierto, no podrían lograraprobación de las agencias reguladoras si fueran para alimentación humana,introduciendo así nuevos riesgos con la contaminación de cultivos y granosusados para consumo humano. Pero sobre todo, este puñado de trasnacionales que domina el mercado global desemillas, apunta a adueñarse de más porciones del mercado ya existente, altiempo que expandirse a los agricultores chicos que actualmente usan poco o nadade semillas comerciales, pero que con el anzuelo de sembrar por contrato para laproducción de agrocombustibles, comenzarían a hacerlo. Todo esto está dando lugar a nuevas y poderosas alianzas corporativas. Porejemplo, Monsanto y Dow acaban de firmar un acuerdo para crear semillastransgénicas de maíz que combinarán en la misma planta la resistencia a ochoherbicidas y además serán insecticidas. Esto refleja en parte su reconocimientode que las semillas transgénicas generan resistencia a los herbicidas y portanto cada vez hay que usar más. Y si no son para alimentación humana, se lepodrán echar herbicidas más tóxicos y en mayor cantidad. Monsanto también sealió con Basf, con una inversión de mil 500 millones de dólares, para crearnuevos transgénicos en maíz, soja, algodón y canola. Junto con Cargill creó laempresa Renessen, dedicada a maíz y soja transgénica para agrocombustibles yforraje. Para Monsanto significa, además, avanzar en su monopolio, intentandodesplazar a sus competidores más cercanos, Syngenta y DuPont, del mercado deagrocombustibles. Por su parte, DuPont creó con Bunge (una de las cerealeras más grandes delmundo), la compañía Treus dedicada a híbridos de maíz y soja paraagrocombustibles, y también hizo alianza con British Petroleum (BP) paraproducir etanol de trigo y biobutanol. Syngenta firmó un acuerdo de colaboraciónde 10 años con Diversa Corporation (biopirata de microorganismos de todo elmundo), para desarrollar enzimas transgénicas para producir etanol, a serincorporadas directamente en las semillas o en el procesamiento. Syngentatrabaja con productores de caña de azúcar en Brasil en este sentido, y es laprimera de los gigantes de transgénicos, que solicitó aprobación en EstadosUnidos para un maíz con una enzima especialmente diseñada para agrocombustibles. El paso siguiente en esta escalada de poner en riesgo los bienes comunes de lahumanidad y el planeta, para conseguir lucros privados, es la biologíasintética, que pretende crear seres vivos construidos desde cero. Por ejemplo,Synthetic Genomics, la compañía que creó el controvertido genetista CraigVenter, trabaja en la creación de organismos vivos totalmente artificiales paraproducir energía. Junto con los planes de las trasnacionales y los científicos al servicio dellucro inescrupuloso, crece también la conciencia y la resistencia a escalaglobal. Por todo lo que está en juego es, sin duda, una batalla dura.
Publicado el: septiembre 21, 2007
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