La reacción violenta de
los manifestantes islámicos con la quema de embajadas en Damasco y
Líbano no hace sino
corroborar la idea que sintetiza la caricatura y
que poco a poco se va haciendo más fuerte en la mentalidad
occidental:
la belicosidad del Islam, su imagen como una religión iracunda e
incendiaria; de manera que la caricatura se revalida a sí misma. Ante
un dibujo que hiere la sensibilidad religiosa, la reacción, en
cualquier caso, debería haber sido diplomática, “civilizada” y no
violenta. A lo otro, nosotros lo llamamos intolerancia.
El conflicto de las caricaturas pone de manifiesto el antagonismo entre
los valores del mundo occidental y el mundo islámico: la libertad de
expresión contra un sentimiento religioso intransigente y
fundamentalista.
En el laico mundo occidental las libertades
tienen una dimensión moral y ética comparables a las creencias
religiosas. Y no por ello quemamos embajadas cuando en países islámicos
se lapidan mujeres, cuando se practican ablaciones genitales a niñas,
cuando se conciertan matrimonios con niñas –lo que a nuestros ojos
constituye pedofilia–, cuando se les niega a las mujeres sus legítimos
derechos. Todas estas acciones hieren y vulneran nuestras más profundas
convicciones sobre la dignidad, la libertad y la igualdad de los seres
humanos y a mi juicio revisten más gravedad que una caricatura del
Profeta.
Pero no es la diplomacia, ni el intento mutuo de
entendimiento el que arbitrará el conflicto, sino el todopoderoso
mercado. La reacción “civilizada” del mundo islámico ha sido el boicot
a los productos daneses y noruegos. Ese mismo poder del mercado, y en
concreto la dependencia occidental del crudo de Oriente Medio, hace que
se mantengan alianzas con países que no tienen ni el más mínimo respeto
por los derechos humanos y especialmente por los de la mujer.
A pesar de la arraigada creencia iconoclasta del Islam, existen
representaciones islámicas de Mahoma de todas las épocas, como podemos
ver en http://www.zombietime.com/mohammed_image_archive/
algunas de
ellas con cabeza flamígera o sin rostro, incluso un retrato del Profeta
joven, antes de haber recibido la visita de los ángeles, que data de
nuestra época. En la página citada también podemos ver representaciones
occidentales de todos los tiempos que no han sido condenadas por el
Islam y otras que pueden herir sensibilidades, entre ellas, las danesas
de la discordia.
No estoy de acuerdo con la invasión de
Afganistán ni con la guerra de Irak. Pero cada vez más, son las leyes
del mercado y la geoestrategia del petróleo y no la ideología lo que
mueve el mundo.