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Shvoong Principal>Derecho Y Política>Política: General>Reseña de Origen DEL ESTADO JUDÍO

Origen DEL ESTADO JUDÍO

Reseña del Libro   por:juanrobert     Autor : Vcom. D. RICARDO LUIS QUELLET
ª
 
ORIGEN DEL ESTADO JUDÍO                                          
 
Vcom. D. RICARDO LUIS QUELLET

     Los israelitas constituyen un pueblo híbrido. La moderna colonización de Palestina, hace casi un siglo, comienza con el arribo de los primeros colonizadores rusos y rumanos. Desde entonces, los judíos han acudido en masa desde todos los rincones de la Tierra, y han llevado con ellos los diferentes hábitos, culturas y tradiciones.
      Las disparidades que prevalecen son aún amplias y profundas. En 1965, más de la mitad de la población usaba una de las doce diferentes lenguas empleadas para comunicarse.
     Son ellas un elemento importante en esta historia; y examinando sus raíces, veremos clarificarse uno de los factores cruciales en la vida de Israel.
     La religión es uno de ellos. Como iglesia, el judaísmo está notoriamente desorganizado y descentralizado en una profusión de autoridades iguales e independientes entre sí: los rabinatos.    
     El nacionalismo es otra de las fuerzas unificadoras. El tribalismo atávico de los antiguos hebreos y su vínculo sagrado con un territorio prometido, su arrogancia étnica y su exclusividad en el mandato de Dios, ciertamente jugaron su papel – al menos, indirectamente – en el desarrollo del nacionalismo moderno.
     El nacionalismo judío moderno comenzó en la  Europa oriental durante la segunda mitad del siglo XIX. Como colonizadores, los judíos aparecieron demasiado tarde, y como nacionalistas, también llegaron tarde.
     El nacionalismo sionista fue una forma de defensa propia judía, y un plan para un mejor futuro. Derivó del positivismo francés, del idealismo alemán y del popularismo ruso.
     Los árabes, con su continua enemistad, lo han reducido al más primario de los instintos humanos: el de la propia supervivencia.
     Igualmente importante como fuerza unificadora es la cultura política dominante. Para un pueblo de orígenes tan diversos como éste, los postulados morales de la sociedad muestran patrones uniformes. Son expresados, sobre todo, en la vida política y en la educación.
      Muchas ramas se han injertado en el tronco original; pero el tronco tiene sus raíces en la Rusia zarista, en Polonia y en el Imperio Austrohúngaro.
      La crisis que sufrieron los judíos de la Europa oriental durante el reinado de los tres últimos zares, jugó un papel similar en los principios del sionismo, y esto ejerció una influencia poderosa y continua sobre la moderna cultura israelí.
      Se veían a sí mismos como una progresiva fuerza socialista. Si bien previeron dificultades, esperaban que fuera con el capitalismo internacional, el poder colonial, o el Imperio Otomano y su sucesor británico; pero nunca con la población palestina, que también reclamaba derechos de propiedad sobre la misma tierra.
      Habría sido posible instalarse en Palestina sin mucho alboroto cincuenta u ochenta años antes; pero los pioneros sionistas aparecieron en 1881, y sus reclamos fueron reconocidos internacionalmente en 1917 y en 1920, no en 1800 o en 1830.
      El enfrentamiento en Palestina no fue entre nativos y colonos en el sentido ordinario, sino entre los movimientos nacionalistas; y ambos eran, a su manera, naturales y correctos.
      Ellos acordaron en 1919 aceptar una patria judía dentro su medio ambiente, como se estipuló en la Declaración Balfour. “Una minoría judía, moderada en tamaño, sería con el tiempo absorbida dentro de un Estado árabe en Palestina.”
     Unos pocos años más tarde, los británicos propusieron un Consejo Legislativo mixto, que podría haber abierto el camino a un Estado independiente palestino, pero predominantemente árabe.
     La proposición fue aceptada por Chaim Weizman, quien más adelante se convirtió en el primer presidente israelí.
     Ni aun tanto como esto aceptaron los árabes. Si ellos lo hubieran aceptado, los judíos probablemente habrían quedado como una minoría para siempre.      
     Si en 1937 los árabes hubieran aceptado el informe de la Comisión Peel, que proponía una partición del país mediante la cual se creaba un pequeño Estado judío libre, del tipo de la ciudad de Danzig, y un gran Estado árabe, estos habrían probablemente absorbido el área judía autónoma en el curso de una generación.
     La comisión Woodhead proponía en 1938 una autonomía judía aun menor; pero ambas fueron rechazadas terminantemente por los árabes.
     La Carta Blanca de 1939, emitida principalmente para ganar los asentamientos y la inmigración judía, fue otro de los intentos; pero los árabes no lo aceptaron.
     El plan de 1946, que proponía no admitir más de 100.000 inmigrantes judíos de los desplazados de los campos de concentración de la Europa liberada, fue rechazado nuevamente por los árabes.
     Sólo en 1968, después de haber perdido tres guerras, el Plan de partición de las Naciones Unidas de 1947 empezó a parecer razonable para los árabes. Sin embargo, ese mismo año lo rechazaron decididamente, y despacharon sus ejércitos hacía Palestina, en un intento abortivo de detener su implementación.
     Si se hubiera aceptado el status de 1957, no habría habido guerra en 1967, ni tampoco la derrota árabe.
     Si la guerra de 1967 había sido decidida por la superioridad tecnológica de Israel, los resultados de una próxima guerra – aun sin el uso de armas nucleares – dependerían con mayor fundamento de los factores tecnológicos. Dadas las estadísticas de crecimiento nacional predominante, la brecha tecnológica entre Israel y sus adversarios va ensancharse aun más que en 1967.
     Ahora había un Estado. Israel era una nación, con recursos y con cohesión, cualquiera fuese el sionismo. Para los israelitas no era más una discusión en teoría, sino un problema de supervivencia; no más cuestión de doctrina, sino una seguridad personal.

Publicado el: 15 enero, 2009   
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