Drogas en la
selva
La liberación de Clara Rojas y de Consuelo González Perdomo; la inicialmente fracasada misión humanitaria en la que participó el ex presidente Néstor Kirchner, y las recientes manifestaciones de la siempre intolerante presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafiní, en apoyo abierto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, grupo guerrillero de extracción marxista que ahora se proclama "bolivariano") y
al Ejército de Liberación Nacional (ELN) ponen a Colombia en nuestro foco de atención. Sin embargo, este conflicto, que el bello país sudamericano soporta desde hace muchos años, sigue teniendo facetas desconocidas por muchos.
El vínculo entre las
Drogas ilícitas, como la cocaína y la heroína, y la destrucción de los bosques tropicales no parece tan obvio. Sin embargo, esta relación se desarrolla peligrosamente desde dos frentes opuestos: por un lado, el proceso de cultivo de la hoja de coca, y por el otro, el combate de esos
cultivos por parte de las autoridades mediante aspersiones aéreas
Con glifosato.
El impacto es especialmente grave en los bosques amazónicos y también en los altoandinos, que sufren por esta causa una enorme pérdida en biodiversidad, que es una importante alternativa con que cuenta Colombia para salir
del subdesarrollo.
En Colombia hay alrededor de 80.000 hectáreas sembradas de coca, distribuidas en veintitrés de los treinta y dos departamentos del país, y el número no parece decrecer. En 2004, por ejemplo, se descubrieron, dentro de un tercio de las 51 áreas
naturales pertenecientes al sistema de parques nacionales naturales de Colombia, cultivos de coca que abarcaban en conjunto más de 11.500 hectáreas.
Para hacer la pasta base de coca y heroína, una vez que se cosechan, las hojas de la coca y el látex de la amapola son procesados por los campesinos con otros químicos industriales, como ácido sulfúrico, acetona, permanganato de potasio y gasolina. Luego, la pasta es vendida a guerrilleros o paramilitares, que la refinan para convertirla en cocaína.
Los Estados Unidos son el principal consumidor de cocaína del mundo, y Colombia les provee del 90 por ciento de la cocaína y del 50 por ciento de la heroína que se comercializan allí.
Los cultivos destinados a la producción de drogas han destruido en Colombia 17.000 kilómetros cuadrados de selva y bosque en zonas que contienen la más alta diversidad biológica del mundo.
Así, daños a la salud humana, destrucción de cultivos lícitos y contaminación del agua son sólo algunos de los resultados globales de las operaciones antidrogas del Plan Colombia.
Al cabo de años de rociar plantaciones de coca con herbicidas y otras sustancias tóxicas, los Estados Unidos y Colombia no han logrado reducir la producción de cocaína, que se mantiene relativamente estable a lo largo de los años.
En Colombia, el narcotráfico financia las actividades de grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que, con sus acciones, también provocan consecuencias devastadoras para el ambiente.
Estos grupos han realizado más de setecientos ataques a oleoductos y ocasionado el derrame de más de 2,5 millones de barriles de crudo a lo largo de la frontera con Venezuela. Esto representa, aproximadamente, una cantidad de crudo diez veces mayor que la derramada por el buque-tanque petrolero Exxon Valdez en el estrecho del Príncipe Guillermo en 1989.
El deterioro social y el nocivo impacto ambiental causados por el consumo y la producción de drogas como la cocaína y la heroína constituyen unaamenaza aún mayor de lo que solemos percibir.
El problema de los cultivos ilícitos y el narcotráfico no es sólo colombiano, sino también global. Quienes pagan por la cocaína y la heroína están pagando también por la devastación de la selva y del planeta.
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