A veces nos parece que el camino que elegimos es el correcto y nos ponemos firme a transitar esa senda, no obstante puede ser el camino equivocado. En la Argentina de hoy, el conflicto originado por el aumento de la retenciones a los productores del campo, ha provocado y seguirá provocando un enorme cantidad de inconvenientes a la población que la ve pasar, sin comerla ni beberla y son el gobierno y los dirigentes del agro los que deben ponerle fin a ésta cuestión, que ya está pasando de color “castaño oscuro”. La interminables diatribas de los máximos dirigentes del gobierno kirchnerista, no hacen más que profundizar las diferencias, es como querer remolcar una retroexcavadora con un Fiat 600, cosa imposible si las hay. Las decisiones apresuradas siempre salen mal, y el gobierno antes de haber aumentado las retenciones inconsultamente, debió haber intentado consensuarla con los productores, para evitar todos los inconvenientes que hoy tenemos, evidenciados en aumentos desmedidos de precios, desabastecimientos y lo que es peor, incertidumbre hacia el futuro de los argentinos. Lo que denuncia la presidenta de la Argentina es cierto, porque un gran sector del campo se ha dedicado a la siembra de soja, la llamada “sojisación”, que es un reclamo incesante por los países del primer mundo, utilizada la soja, para alimentación y biocombustibles, pero eso anula otros sembrados tan importantes como el trigo, el maíz y mantener una ganadería acorde con las necesidades del mercado
interno y externo. Los gobiernos necesitan del campo para recaudar en base a las retenciones que se realizan en materia prima de exportación, pero me parece exagerado cobrar más del 30%, del monto vendido, ya hay un fallo de la Corte Suprema de Argentina, que en 1912, ponía como tope ese porcentaje, es Jurisprudencia, pero no se tiene en cuenta hoy, por eso los productores se niegan a que les retengan el 45%, de sus ingresos. Para llegar a un arreglo, el gobierno debe abandonar las diatribas y volver al dialogo, para poder negociar razonablemente, porque advierto que el sendero que está transitando es el camino equivocado y ello perjudica al país en su conjunto y cuando se trata de los intereses de la patria, se deben dejar de lado caprichos personales.
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