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Síntesis y críticas breves

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A doscientos Años De Una Proeza Sin Tiempo

por : Donanfer    

Autor : Donanfer
A doscientos años de una proeza sin tiempo¿Beethoven es clásico o romántico? Tal vez sea pertinente la pregunta cuando
se cumplen doscientos años de la composición del Concierto Nº 4 para piano y orquesta, del cuestionado compositor. Los cinco conciertos para piano fueron escritos por Beethoven a lo largo de quince años, entre 1795 y 1809, en que surge el último, el Emperador. Con su último concierto el músico cierra para siempre el período clásico del género. Y en esto tal vez algunos estén de acuerdo. Pero no habrá nadie, en cambio, que niegue al cuarto concierto de ellos, estrenado hace dos siglos, el 22 de diciembre de 1808 en Viena, el "ímpetu y empuje" ("Sturm und Drang " ) de los tempranos rebeldes del Romanticismo. Ante todo, es romántico en el Concierto Nº 4 el uso que hace el compositor de su libertad como creador. Además de esa condición, que abarca la totalidad de la obra, su segundo movimiento, andante con moto , casi no tiene paralelos en cuanto a calidad temática, y no ha faltado quien haya visto en él la condensación de los mayores atributos de la forma concertante, y aquel donde se ha llegado a los más altos límites de la elocuencia. Una vez más, como en tantas de sus obras geniales, se advierte que el mundo de este creador es un permanente asombro. Algo así como percibir que su música, como ninguna otra, se asienta sobre un volcán, y que Beethoven en todo instante se juega entero, el todo por el todo, arriesga lo ya adquirido, parece inventar otra vez el lenguaje Miiismooo En una carta dirigida por Liszt al musicógrafo Lenz, hacia fines de 1852, le decía lo siguiente: "Para nosotros, los músicos, la obra de Beethoven es como la columna de humo y fuego que guiaba a los israelitas a través del desierto: de humo para guiarnos de día, de fuego para guiarnos de noche, a fin de que caminemos noche y día. Su oscuridad y su luz nos trazan igualmente el camino que debemos seguir: una y otra son un perpetuo mandamiento y una infalible revelación".El propio Liszt aclara más adelante que la obra magistral de Beethoven entraña una dualidad. Por una parte, se da la música a través de un formulismo convencional que contiene el pensamiento creador; por otra, hay una ruptura formal, un desbordarse del contenido, que luego "vuelve a crear y formar, a medida de sus necesidades y de sus inspiraciones, la forma y el estilo". Con estas últimas palabras, Liszt estaba dando a Beethoven carta de ciudadanía romántica. Para el creador del siglo XIX, el arte es recipiente accidental en el que el contenido de la experiencia adquiere forma por un momento. De aquella mencionada dualidad, emanan dos principios aceptados -mejor aún, abrazados- por los músicos de esa centuria. Son el principio de autoridad y el de libertad. Berlioz, Liszt y Wagner se afirmarán en el segundo. Tan especial situación de clásico, capaz de transgredir al mismo tiempo el código de este estilo, y de romántico parcial (no lo conmovieron el gusto por lo fantástico, el reencuentro con las fuentes de lo popular o el concepto de Weber y Wagner sobre la unión de todas las artes, entre otros aspectos) ha dado a Beethoven una ubicación única. Su producción es algo así como el tronco del cual parten todas las ramas del siglo XIX. ¿Será posible que en este 2008 de su bicentenario, alguien programe el cuarto concierto? Esperemos... Eso sí, ¡que sea una gran versión!
Publicado el: febrero 22, 2008
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