IX – Poder – Cuerpo. En: MICROFÍSICA
DEL PODER – Michel Foucault.
Según Foucault, hasta el siglo XVII se protegía el
Cuerpo del rey. Ahora, se protege el cuerpo social. Para Foucault es el poder que genera el cuerpo social y no el consenso como se cree.
El dominio y la conciencia del cuerpo sólo fue posible con una acción sobre el propio cuerpo a través de ejercicios disciplinarios. Dice el filósofo que “el poder penetró en el cuerpo, se encuentra expuesto en el propio cuerpo”. El poder no vacila. Actúa en lugares estratégicos y de
forma sutil, continúa su batalla. A partir del siglo XVII se lanzó un poder de control sobre el cuerpo y una vigilancia sobre la sexualidad. De esa forma, “el cuerpo se tornó en aquello que está en juego en una lucha entre los hijos y los padres”.
Para el mantenimiento de sus estrategias, en vez de control-represión, el poder pasa a actuar por medio de control-estimulación. “¡Quede desnudo... pero sea delgado, bonito, bronceado!”. Según Foucault, la idea de la subordinación del cuerpo en favor del alma por la
sociedad burguesa es falsa. Por el contrario, dice el filósofo: nada es más material, más físico y más corporal que el ejercicio del poder.
Foucault afirma que no intenta delimitar el poder al
nivel de la ideología.
Según Foucault, el poder no ejerce solamente
efectos negativos en la sociedad. Produce también efectos positivos. Dice el autor que: si el poder es fuerte es debido al hecho de producir efectos positivos, como por ejemplo a nivel del saber. “El poder, lejos de impedir el saber, lo produce”. Solamente fue posible un
saber sobre el cuerpo a través de un conjunto de disciplinas militares y escolares.
Foucault concluye que el poder no está localizado en el aparato del Estado. Los mecanismos de poder funcionan de forma diseminada y a nivel elemental, y nada cambiará en la sociedad sin que cambien los mecanismos cotidianos de las relaciones de poderes. Para Foucault, el intelectual debe hacer un inventario topográfico y geológico de las condiciones de batalla pero de forma alguna decir lo que hay que hacer.
Foucault finaliza el diálogo recordando aún que la medicina ocupó un lugar central en las relaciones de poder. “Era en nombre de la medicina que se debía ver cómo se instalaban las casas, pero era también en su nombre que se catalogaba un loco, un criminal, un enfermo...”
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