Por: Teodoro Corona
La expresión
pensamiento único (del francés
pensée unique)
es una fórmula retórica de cuño reciente, que forma parte del ideoléxico político actual.
Todos sabemos que el
pensamiento único es inconcebible y contrario a toda manifestación intelectual, sea esta de carácter literario, pictórico, musical, artístico o de creación artesanal.
En filosofía, así como en doctrina política y económica, el asunto se hace más complicado todavía, por cuanto que además, en estas aristas brilla el pensamiento inobjetablemente libre,
imposible de ser intervenido o mediatizado por doctrinas draconianas.
En este punto, precisamente, es donde se han estrellado todos los regímenes totalitarios, y donde los tiranos han sucumbido tarde o temprano, con un fin que ni siquiera es imaginable en Venezuela.
Aquí tenemos uno de lo últimos pensadores draconianos y todos saben que me refiero al señor Hugo Chávez, que accidentalmente gobierna el país en términos total y abusivamente discrecionales.
Su gobierno, extremistamente divorciado de la historia moderna, fatalmente conduce al país sobre senderos equivocaos; pero más todavía, sobre caminos ya transitados por otros dictadores, el último de ellos el señor Fidel Castro Ruz, a quien apodo el “Chacal de Cuba”, y quien es muy posible, tal como sucedió con Juan Vicente Gómez, muera en el poder, lo único que le garantiza no ser juzgados por los múltiples crímenes cometidos contra el pueblo cubano, uno de ellos de carácter colectivo, como lo sería, precisamente el querer imponer el pensamiento único. Fidel Castro, sin embargo tendrá que ser juzgado postmorten pues la humanidad requiere de que ese descastrado sea juzgado y condenado a título de ejemplo, para quienes pretende el mismo comportamiento en otras latitudes.
Sobre el pensamiento único, tomado como una bandera de izquierda frente al llamado neoliberalismo, se impone la libertad absoluta y total del pensamiento libre y determinantemente abierto. “La puerta de mi casa la limpio yo y si se me ocurre que alguien pudiera limpiarla por mí, sería bajo mi absoluta dirección” (Teodoro Corona, “El ejercicio libre: Antitesis del pensamiento comunista”, artículo 15 de mayo de 1993 Pág. 3) Nadie piensa por mí porque neuronalmente sería imposible hacerlo sin mí consentimiento y, aún con mi asenso, sería imposible internarse en las infinitas e inescrutables senderos de la mente para que pueda hacerme pensar igual a un tirano, pero igualmente sucedería con un intelectual. Sería posible una similitud de pensamiento, pero siempre bajo el discernimiento propio, nunca baja la imposición.
Esto deben saberlo quienes –hoy en Venezuela- quieren imponer textos de adoctrinamiento y convulsivas élites de intelectos marxistas, pensamientos bolivarianos extraídos convenientemente y fuera de contexto, hazañas zamoranas, y hasta extrañas deidades mitológicas que son únicamente fuentes del folklore, y toda esa suerte de piltrafas intelectualoides entresacadas de sus enrollados pensamientos pestilentes
Esas cucarachas que intentan jugar ajedrez en los raciocinios de los “lideres” bolivarianos, parecen irse en las borrascosas penumbras de lo más oscuro del cerebro humano; allá donde se devuelve el viento, por los caminos pedregosos de la enajenación, de donde el regresar sólo es posible cuando sus mentes sean sometidas a los debidos estudios sicoanalíticos.
El pensamiento único está fuera de la universalidad de la idea, del afán de progreso personalísimo –sin ese afán no logramos nunca nada- y del tránsito fecundo nacido de mi propio interés, sin el cual, aun cuando lo quiera otro por mí, sería imposible de alcanzar. Si yo no quiero caminar, no le puedo pedir a Dios que guíe mis pasos.
Esa comprensión -nada difícil de lograr- me llena de timidez porque no es posible que yo lo comprenda y ellos –los chavistas- no puedan lograrlo o, ¿será que su estructura mental no les para eso? Eso Creo
24 de Septiembre de 2007