Puestas así, juntas, las palabras
“ética” y “política” quedan muy bien. Parece que más que ir de la mano o
acompañarse
mutuamente como pareja fiel y amorosa, hubieran nacido siamesas,
adheridas firmemente la una a la otra. Sin embargo, la realidad se encarga de
demostrarnos una y otra vez que “ética” y “política” son conceptos mas bien
antagónicos. Al lúcido lector ya le habrán venido a la cabeza varios episodios
que refrendan esta afirmación. Para cuando esté leyendo esta oración, serán
tantos que ya habrá decidido dejar de pensar en ello por miedo a aturdirse.
Pero el episodio concreto que me ha llamado a escribir estas líneas, ha sido la
forma en la que el gobierno ha informado sobre la reciente gira europea del
presidente Tabaré Vázquez. Que “un éxito”, que “grandes logros”, que “excelentes
resultados”, que “satisfacción” por esos “resultados obtenidos”. ¡Ay caramba! Yo
no quiero enojarme, porque enojarse hace mal; pero para eso debería cambiar de
trabajo. ¿Exitos? ¿Logros? ¿Resultados? ¡Por dios! Todos los
acuerdos anunciados
como resultado de esta gira son previos a ella. La Mathiensen ya había decido
ampliar sus instalaciones en el puerto de Montevideo, y los portugueses ya
tenían avanzados los estudios para instalar su papelera en Uruguay, por ejemplo.
Dejemos de lado el tenor de las inversiones anunciadas (muy discutible, por
cierto), el tema de este editorial es el “no ético” (el antónimo de “ético” es
“inmoral”, pero suena demasiado fuerte) manejo de la información que hace el
gobierno. La gira de Vázquez, sus ministros y su corte de empresarios, no fue
otra cosa que una gran acción de propaganda, para que luego todos digamos:
“¡Pero mirá que bien Tabaré!”, y hacer subir su popularidad en las encuestas del
mes que viene. La verdad es que si la gira no se hubiera hecho, los negocios y
los acuerdos se hubieran realizado igual, porque ya estaban prontos incluso
antes de que Vázquez anunciara su viaje. Que esos negocios no los deciden ni los
presidentes ni los parlamentos, sino los capitalistas . Pero bueno, no carguemos
demasiado las tintas en el presidente uruguayo: todos los presidentes hacen lo
mismo en todo el mundo. Hasta Chávez.
Hablando de Roma, en la edición del mes de agosto de Le Monde diplomatique,
Darío Pignotti publica un artículo titulado “Oposición de la burguesía
brasileña” en el que analiza las cada vez más deterioradas relaciones entre
Brasil y Venezuela. Explicando las razones del fracaso de lo que en principio
pareció un romance destinado a terminar en casamiento, Pignotti escribe:
“...consentir mansamente a Chávez y su proyecto de “Socialismo del siglo XXI” es
una hipótesis inaceptable para las fuerzas conservadoras brasileñas (...) Fue
para frenar al ‘huracán’ bolivariano que la burguesía paulista, con la
Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) como vanguardia,
elaboró un plan de combate en varios frentes. Uno de éstos consistió en machacar
sobre la inconveniencia de respetar la cláusula del Mercosur que impide a sus
miembros firmar acuerdos individuales de libre comercio con terceros países o
grupos de naciones. La FIESP contó con el apoyo decidido de la Unión Europea
(UE) que, tras el fracaso de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del
Comercio, avisó su intención de retomar la conversaciones sobre un área de libre
comercio congeladas desde 2004. El embajadro de la UE en Brasil, Joao Pacheco,
admitió el fastidio que suscita Chávez y la inconveniencia de que éste sea parte
de una negociación en la que Europa pretende una aper
tura
dócil de Sudamérica para las inversiones de los grandes laboratorios y empresas
de servicios, a cambio de tímidas ventajas para los bienes primarios.”
O sea que tampco es un “logro” de este viaje eso de un TLC con la Unión Europea,
pues ella viene trabajando en eso desde hace años. En ese sentido, no es ninguna
casualidad que en los últimos tiempos capitales multinacionales con
participación brasileña estén invirtiendo en Uruguay, comprando todas las
cervecerías, varios frigoríficos, arroceras, estaciones de servicio, la Compañía
del Gas, Conecta, y vaya uno a saber cuantos etcéteras más ya venidos o por
venir. Y bueno, el capitalismo es así. ¿Querías capitalismo? ¡Tomá!
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