Mientras el clima electoral gana terreno en la
Argentina, la situación social de amplios sectores de la población sigue cayendo
en picada Oficialismo y oposición juegan al ajedrez de las alianzas, y la vida de mucha gente pasa a un segundo plano. La desgracia de muchos es sorda, lenta, no amerita titulares, negociaciones y ni siquiera piquetes. Tal es el caso de las
comunidades indígenas, invisibles en su exclusión para la mayoría de la sociedad
argentina. En estas horas la obscena miseria se muestra con todo su horror en la provincia del Chaco. Cercadas por grandes emprendimientos que les van mordiendo su hábitat, estas comunidades sufren el hambre, no pueden acceder al agua potable, carecen de medicinas y están, que terrible es escribirlo, en vías de extinción. Su situación no forma parte del discurso de Cristina Fernández, ni de las negociaciones que Lilita Carrió realizó con el derechista López Murphy. Ni siquiera ameritan un intento serio de la dispersa y estéril izquierda argentina por unirse. Ni que hablar que no figuran en la agenda del peronismo más retrógrado, Menem incluido. Los toba, los wichi, los mocoví como otras etnias no son capital político para explotar. El Centro de Estudios e Investigación Social Nelson Mandela denunció la muerte de 13 miembros de esas comunidades en los últimos meses, a consecuencia de desnutrición aguda asociada en la mayoría de los casos con tuberculosis, parasitosis, mal de Chagas, cáncer y otras enfermedades. Rolando Núñez, director del Centro, calificó la situación de "desastre humanitario". Reveló que, según un estudio del gobierno nacional en Villa Río Bermejito, se verificaron al menos 92 casos de desnutrición. El gobernador Roy Nikisch se desentiende del tema y transfiere a las comunidades las causas de sus propios males, algo así como un velado suicidio colectivo: "Sabemos perfectamente que por su propia cultura e idiosincrasia no dejan que el Estado los atienda correctamente, no usan los medicamentos y rechazan los tratamientos", afirmó el dirigente. El hambre, las enfermedades y la muerte van acompañadas del despojo de tierras. En efecto, éstas siguen yendo a parar a manos de los poderosos y los bosques nativos siguen siendo talados sistemáticamente. El tema fue denunciado ante la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, por parte del Centro Mandela. En declaraciones publicadas por algunos medios, el presidente del Instituto del Aborigen de Chaco (Idach), Orlando Charole, recordó: "por siglos los indígenas sufrimos el avasallamiento integral en todo el continente con un impacto destructor sobre cientos de pueblos que fueron arrasados". Empero, las comunidades indígenas que mantuvieron su organización original y sus costumbres, lograron sobrevivir. Lo que realmente deriva en la extinción de las comunidades es la usurpación de sus territorios. Sin ellos, no hay vida. Las preguntas del líder lo resumen todo: "¿Dónde podemos vivir según nuestras creencias? ¿Dónde cazar, pescar, recolectar alimentos? ¿Con qué hacer jugos cuando no hay agua? ¿De dónde obtenemos nuestras medicinas?". Con él hablan más de 60.000 indios del Chaco "Talan el bosque, alambran, y nosotros somos extraños en nuestra propia tierra", resumió. En total, en Argentina hay algo más de 600.000 indígenas de unos 25 pueblos originarios. Sumemos testimonios. La Fundación para la Defensa del Ambiente denuncia la paulatina extinción de los mbya guaraníes en la provincia de Misiones. Greenpeace denuncia que la tala del bosque nativo para cultivo de soja en Salta, destruye el hábitat de comunidades wichí. El Estado no duda en favorecer al capital salvaje y transnacional. Como consuelo para los hambrientos, limosnas. En efecto, desde mayo y cada 2 meses el Ministerio de Desarrollo Social envía 30 kilogramos de alimentos para cada una de las 2.000 familias más vulnerables. Da para muy poco. En tanto, los elementos básicos de dichas comunidades (animales y vegetales del monte), escasean porla deforestación. No en vano El Chaco es la tercera de las 23 provincias argentinas en porcentaje de deforestación, a favor de monocultivos del maíz y la soja. Los indígenas de Chaco habían protestado ya en junio de 2006 con una marcha desde Villa Río Bermejito hasta Resistencia, ocupando la sede del gobierno y realizando una huelga de hambre por 32 días. De 3,9 millones de hectáreas de tierras fiscales que había en la provincia en 1995 quedan 660.000; según la ley debieron ser entregadas a comunidades indígenas o pequeños productores. Nada pasó. Las concesiones beneficiaron a grandes cultivadores de soja y de otros cultivos. __________________________________________________