Todo sale de la tierra menos el pez. Eso es sabido y hace mucho; pero según un informe
confiable, el 67%, de la población mundial, vive en las zonas urbanas. Las
ciudades están recargadas de seres humanos que buscan su oportunidad; salvo en países comunistas, no hay una planificación agraria adecuada, porque la tierra según la filosofía de ellos es para quien la trabaja; no creo que sea tan así, pero los grandes terratenientes, suelen tener ociosas a miles y miles de hectáreas. Si bien es cierto que los enormes adelantos tecnológicos han expulsado a mucha mano de obra del campo, a raíz de que ahora hay sembradoras y cosechadoras que valen cada una por cien peones de campo o más. Nadie puede frenar el progreso, pero el progreso no solo debe ser para los patrones y dueños de miles y miles de hectáreas. El problema es como se revierte ésta situación
. La mayoría delos emigrantes del campo apuntan a las grandes ciudades para realizarse, tanto él hombre como la mujer. La mayoría de ellos son explotados y viven
hacinados en pensiones o casas compartidas, mal pagos en talleres-cárceles o en fábricas clandestinas, lo hacen en negro, no tienen cobertura social, ni ningún beneficio que concuerde con los derechos humanos.
Las mujeres en la mayoría de los casos, para conseguir o mantener sus trabajos deben prestarse a relaciones sexuales no deseadas, pero si consentidas. La conciente por temor, pero eso es un error, pues debería presentar la denuncia a la justicia, cosa que no lo hacen porque están sometidas por las necesidades extremas que padecen por venirse del campo que era su hábitat natural. No hay comparación con las costumbres del campo a las de la gran ciudad; unas son puras, las otras corruptas. Lástima que ellos abandonen el campo
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