-La difusión de las tesis católicas radicales no fue por supuesto, un fenómeno peculiar de la Argentina. Aún cuando el padre
Carlos Mújica las propagó y Juan García Elorrio las desarrolló, después buena parte del ímpetu procedió del Vaticano y del ejemplo dado por Camilo Torres, sacerdote-guerrillero colombiano con impronta de mártir (1963). El Vaticano consciente que más de un tercio de sus seguidores se hallaban en América Latina, y temeroso de que sus millones de pobres cayeran en las redes rivales del ateísmo marxista, empezó a preocuparse más por ellos a partir de fines de 1950, especialmente durante los papados de Juan XXIII, y Pablo VI, posteriormente. Al observar la creciente participación de los católicos en las luchas de clases populares, el dialogo con los marxistas, se hizo aceptable para el Vaticano. Juan XXIII, en Pacem in Terris (1963), llegó a decir que en el marxismo "había buenos elementos merecedores de aprobación"El Concilio Vaticano II, y los documentos resultantes del mismo, formalizaron esa nueva orientación católica. En ellos se condenaba la pobreza, la injusticia y la explotación, como resultado del afán humano de poder y riqueza; se incitaba asimismo a los cristianos, en nombre del amor al prójimo, a que lucharan por la
igualdad. El mensaje
tuvo la expresión más radical en el Concilio de 1965, cuando el Patriarca Máximo IV, declaró que el verdadero socialismo es el cristianismo; integralmente vivido en el justo reparto de los bienes y en la igualdad fundamental de todos". La promulgación por del Papa Pablo VI, de la Populorum Progressio, fue la más importante síntesis de las ideas del Concilio Vaticano II, tuvo lugar recién dos años después; atacaba la desigualdad, la codicia, el racismo y el egoísmo de las naciones ricas, pero no aclaraba por completo como debían vencerse tales injusticias país. -