Es inútil, es de nunca acabar. Parece que los gobiernos y la sociedad no encuentran la llave para abrir el candado. Se toman medidas coyunturales pero los niños mendigos y el trabajo infantil vuelven a aparecer y hasta da la impresión de que se multiplicaran.
Una encuesta de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) dada a publicidad, revela que entre el 5% y el 9% de chicos de 5 a 13 años declararon haber trabajado en las regiones donde se realizó la medición: Gran Buenos Aires, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, Formosa y Chaco.
Hay algunos datos específicos escalofriantes:
- Uno de cada cuatro chicos trabaja en una “situación clara de riesgo personal”, en la vía pública y en medios de transporte.
- En las regiones rurales, uno de cada cuatro chicos realiza tareas vinculadas al autoconsumo
Hasta que no haya mendicidad infantil cero, no nos podemos quedar tranquilos.
Para dar un comienzo de solución a la mendicidad infantil, se debe atacar el mal en lo medular y para los efectos, el gobierno debe buscar estructurar una red de contención infantil, comenzando por contener a sus padres. Los niños no nacen de una “pompa de jabón”. Por consiguiente, los padres son los responsables de la existencia de esos seres pequeños, que al ir creciendo y la mayoría de las veces son explotados por sus propios progenitores. Tal vez no sea la intención de ellos que sus hijos mendiguen, pero esos pequeños seres humanos están expuestos, y hasta altas horas de la noche muchas veces, a una vida impropia, lacerante y hasta parecen olvidados de la protección de Dios.
He visto hace unos días en plena Peatonal de Mendoza, cuatro niños de seis a cuatro años aproximadamente, mal entrazados, pidiendo limosnas por las mesas de ricos comensales. A mí se me partía el corazón, fundamentalmente por la asimetría que mostraba el cuadro. Terrible.
Es cierto que hubo pobres y mendigos desde épocas inmemoriales, pero es inconcebible que en la actualidad, ya en el siglo XXI, y en Mendoza, una provincia rica en hombres y rica en bienes, que todavía y aun existiendo una Ley de Minoridad, se siga exponiendo a esos angelitos a la tremenda humillación de la mendicidad.
Cuando esos niños sean mayores, se retrotraerán a su infeliz infancia y las mayorías de ellos tendrán sus corazones llenos de rencor hacia la sociedad que nada les dio y, a modo de revancha, muchos de ellos se transformarán en gente del mal vivir, con todas las connotaciones que derivan de allí: robarán, matarán, se prostituirán, traficarán drogas, serán violadores, adictos a estupefacientes u otros males menores, si no se logra revertir la presente situación.
Por supuesto que no lo serán todos, pero muchos de ellos lo harán, porque la ingenuidad de creer que “de los pobres será el reino de los cielos”, ya no alcanza, porque aquellos que pregonan esa máxima, aquí en la tierra, viven como ricos y no les falta nada. Suena bastante a hipocresía, eso de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.¡¡¡Por favor ¡¡¡
Creo que se debe hacer un relevamiento de inmediato de todos y cada uno de los niños mendigos u obligados a trabajar que existan en Mendoza. Para los efectos, el gobierno debería conformar varios equipos de profesionales, como psicólogos, sociólogos, médicos y trabajadores sociales, para ir rescatando a esos niños, previa ubicación de sus familiares y si estos no los pueden alimentar, serán el gobierno, y la sociedad toda, quienes tendrán que buscar soluciones urgentes y acordes con esa realidad acuciante.
No estoy proponiendo crear orfelinatos, salvo en aquellos casos de niños realmente huérfanos de padre y madre, sino de contener a sus padres en institutos de capacitación educacional, darles un subsidio y un seguimiento profesional adecuado, hasta que se consoliden como familia, luego conducirlos a una salida laboral y de estudios y recreación para los niños, para que después puedan integrarse a la sociedad como corresponde.
Si los padres se sienten incluidos en la sociedad, ellos incluirán a su hijos, por una cuestión de decantación. Hasta que no haya en Mendoza mendicidad infantil cero, nadie debe dormir tranquilo en las noches. Mientras hayan niños mendigando debe dolernos el corazón.
Espero que las autoridades del gobierno mendocino actúen en consecuencia, porque tienen la obligación de hacerlo y porque los niños tienen sus derechos. Se gasta muchísimo dinero en trivialidades. Debería tenerse en cuenta para los futuros presupuestos provinciales una partida amplia y generosa para encarar este principio de solución creando los equipos de “reinserción social”, pero con los suficientes recursos, tanto humanos como financieros. Los legisladores deben tomar la iniciativa, si no la toma el Ejecutivo provincial.
Se dirá que ya existen las leyes y las instituciones gubernamentales que se ocupan de este problema; pero, a juzgar por los efectos, cunde la ineficacia.
Hagan algo, muchachos, no nos olvidemos ese principio fundamental de aquel ex presidente argentino : “En la Argentina, los únicos privilegiados son los niños”. ¡Y cuanta razón tenían esas palabras que tienen absoluta vigencia en la actualidad! Los niños son el futuro de la Patria y nuestra Patria nunca será grande y libre si no cuidamos a nuestros niños. La vida de cualquier ser humano, llámese como se llame, está marcada por la felicidad o infelicidad de su infancia. Ese estigma se proyectará con él hasta el fin de sus días. A no olvidarse. Por favor.
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