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Síntesis y críticas breves

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Trampa en el ciberespacio (1) - Robert Di Cosmo

por : NLAC     


El monopolio Wintel (Windows + Intel) tiene muchas apuestas en juego y no solamente económicas. No se trata
solamente de aceptar el hecho de vivir con una mala tecnología ignorando que se podría tener algo mucho mejor: esto ya se ha producido antes, por ejemplo con el sistema de vídeo VHS que desplazó al Video2000 y Betamax, que eran mucho mejores. Hay cosas bastantes serias detrás de los productos informáticos monopólicos.
Para comenzar, se paga un impuesto invisible cada vez que compramos un PC o los programas Windows, que proviene del hecho del costo de la duplicación de productos. Una vez que un programa ha sido realizado, cosa que puede costar muy caro, se puede duplicar en un CD-Rom al costo de sólo algunos euros por copia, o se puede transmitirlo por la red a un costo que no cesa de reducirse, de manera totalmente independiente de la calidad y del costo de producción de la primera copia. Los únicos componentes cuyo costo no es despreciable son el soporte papel del manual o los CD-Rom. Pero los editores de programas, han hecho desaparecer este costo fijo: los PC que se venden en los supermercados no vienen acompañados de ningún manual, salvo alguna breve nota explicativa. Hay por supuesto manuales on-line, es decir no en papel. Con estas prácticas, el costo de copia de un programa esta prácticamente reducido a cero.
Una segunda característica esencial es el status legal de un programa: por varias razones, el software goza de la misma inmunidad que las obras de arte (los industriales del software se llaman editores). No hay ninguna cláusula legal ni ninguna jurisprudencia que permita garantizar que el software haya de cumplir una determinada función, ni siquiera aquella para la cual se ha comprado. Esta situación es razonable cuando se compra una novela o un cuadro, pero deja de serlo cuando se aplica al software: usted no puede demandar a Microsoft legalmente ante la justicia por defecto de construcción. El editor de software no está de ninguna manera obligado a corregir los errores reconocidos y documentados, aún cuando esos fallos sean voluntarios. El editor de software es libre de venderle a usted lo que a él le parezca, o mejor dicho, aquello que su departamento publicitario le haga creer que compra, sin ninguna obligación de resultados, y sin que usted tenga el menor recurso, aún en caso de mala fe manifiesta. Peor aún, puede que le hagan pagar por las correcciones de defectos en las versiones de actualización, a precios tan caros como el producto original. Este status jurídico tan sorprendente, estaba probablemente justificado cuando los programas eran escritos por un ingeniero en su garage, pero es absolutamente aberrante hoy en día cuando nos encontramos con multinacionales del software cuyas finanzas son colosales, y no dan provecho a todos los editores de software sino solamente a los más poderosos.
La posición de monopolio de Microsoft le permite también desembarazarse de las otras fuentes de costo: la asistencia técnica y la distribución. Para la primera, se soluciona haciendo responsable de todo al fabricante de la computadora, estableciéndolo en la licencia de uso. Si Windows no estuviera en posición de monopolio, los fabricantes de computadoras se librarían con mucho gusto de este tipo de acuerdos.
Para la distribución del software de nuevo son los fabricantes, ensambladores y revendedores de computadoras los que pagan el costo: ellos deben preinstalar Windows en las máquinas. Pero también se puede hacer por Internet sin ningún soporte material. Esto es un golpe genial: usted paga por un programa y después paga el gasto de obtenerlo por la red, reduciendo efectivamente el costo total de la copia y distribución por el editor a exactamente cero euros.
En resumen, Microsoft puede vender más o menos cualquier cosa, sin obligación de resultado y sin temor a ser demandado, a un costo unitario nulo y a un precio al público que no baja jamás y hasta sube después de su lanzamiento, y que se traduce en beneficio puro.
Falta comprender por qué no solamente el gran público, que no conoce nada de computadoras, sino también las grandes empresas, los gobiernos y los medios (que deberían disponer de servicios informáticos altamente calificados), no utilizan su libertad para elegir otra cosa que no sean los productos Microsoft. Para responder a esta pregunta no es suficiente culpar a los charlatanes de la prensa que se dice especializada, aún cuando su parte de responsabilidad es bien evidente.
Prácticas dudosas
Por un lado se hace caer a los consumidores en la trampa secuestrando su información en un formato propietario. Por otro lado, se entrampa a los competidores: no se les da la documentación y se introducen variantes arbitrarias con la única meta de no permitir que los productos que ellos desarrollan funcionen correctamente. Si la competencia llega a descubrirlo, es condenada por haber hecho ingeniería inversa, lo cual es simplemente maquiavélico.
Enormes sumas de dinero salen de la Comunidad Europea cada año en contrapartida por productos de mala calidad que nos vuelven más y más dependientes de la mala tecnología del otro lado del Atlántico. Es más, estos productos se distribuyen en Europa a precios exorbitantes, muy superiores a los precios yankis o canadienses.
Publicado el: mayo 05, 2006

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