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Síntesis y críticas breves

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Presos de la Tecnología

por : litomd    

Autor : Alan Cooper

Al empezar a leer “Presos de la Tecnología” (traducción al español de “The Inmates are Running the Asylum”) de

Alan Cooper, casi dan ganas de abandonar el libro y buscar algo menos cargado de quejas, subjetivismo y resentimiento. La división entre “apologistas” y “sobrevivientes” que el autor considera de aplicación universal, asfixia al lector que quiera colocarse en una posición intermedia. Con todo, el concepto de “fricción cognoscitiva” – la resistencia que la inteligencia humana enfrenta cuando se involucra con un sistema complejo de reglas que cambian cuando el problema también lo hace – y la metáfora del oso bailarín y el software difícil de usar – lo atractivo del oso no es lo bien que baila sino ¡el hecho de que baila! y los programas de interfaz inconsistente, que esconden las funciones útiles en un mar de características que alguien pensó que sería bueno incluir terminan resultando osos bailarines cuando deberían ser bailarines profesionales – son aportes valiosos de esta sección.


Superada esta primera parte, “La anulación de las computadoras”, el libro resulta sorprendentemente ilustrativo, práctico y gratificante.


Considerando el título en inglés, y luego de leer la parte II, “Le costará mucho tiempo”, se entiende que los programadores son a quienes se refiere Cooper al hablar de “los internos” (“the inmates”) que han tomado el control subrepticiamente de la tarea de diseño del software ante la negligencia de gerentes de proyectos demasiado enfocados en las fechas de entrega del producto y la lista de características que debe tener. Una revisión de los problemas comunes del software actual es un aporte importante de esta sección.


En la parte III, “Comer la sopa con un tenedor”, se ilustra cómo el software se desarrolla de forma equivocada, transfiriendo el proceso de diseño a quienes no están en la posición adecuada para realizarlo, esto es, a los programadores. Cooper dedica un capítulo completo a los programadores – capítulo 7: “El Homo Logicus” – con interesantes y divertidas acotaciones acerca de esta especie diferente al “Homo Sapiens”.


La parte IV, “El diseño de la interacción es un buen negocio”, presenta y discute el método de Cooper para diseñar interacciones – que distingue de diseñar el interfaz por ser esta última una actividad de menor alcance – y constituye el valor principal de la obra y una muy buena razón para que cualquier profesional del diseño interactivo la conozca. El método se centra en la creación de personajes concretos, con nombre y peculiaridades, que luego guían todo el proceso. Se diseña en función de los objetivos de cada personaje, las características del software se consideran apropiadas sólo si son útiles a alguno de ellos, y se validan en escenarios donde los personajes ejecutan sus actividades con la aplicación.


Esta metodología se denomina “Diseño Centrado en los Objetivos” y aunque es innegable que presenta un enfoque interesante y de múltiples beneficios, el autor tiende a exagerar sus bondades.


En la parte V “Colocarse de nuevo en el asiento del conductor” se critica otros métodos de ingeniería de la usabilidad. Específicamente, el capítulo 12: “En busca de la facilidad de uso”, repasa, en negativo, las técnicas usuales, incluyendo las pruebas con usuarios, la formación de equipos multidisciplinarios, la evaluación por expertos, por inspección, las guías de estilo, etc. Al parecer se busca afirmar las bondades del Diseño Centrado en los Objetivos mediante la descalificación de todo lo demás.


El resto de esta última sección presenta una serie de consejos muy útiles para el desarrollo de consultorías de diseño de la interacción.


Son múltiples los beneficios que se pueden obtener de la lectura de este libro, especialmente para desarrollarse profesionalmente como diseñador de interacciones. Basta con no olvidar un par de ideas de sentido común: primero, a la gente no le gusta ser clasificada, categorizada o etiquetada; así que no hay que exagerar el uso de los personajes hasta el punto de imponerlos como categorías a los usuarios: “usted es este personaje” es una afirmación poco constructiva y poco cortés, aunque no se llegue a expresar en persona al interesado, así que el uso de los personajes debe terminar cuando se involucran a los usuarios verdaderos. Segundo: no se puede descalificar una técnica de ingeniería o de diseño solo porque pensamos que hay otra mejor. La práctica y la investigación han demostrado que cada técnica tiene su lugar y sus beneficios, lo mismo que ventajas y desventajas.


Publicado el: septiembre 05, 2008
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