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Síntesis y críticas breves

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Recuerdos

por : labriega    


¡No te gustaría recordar con precisión cómo fue tu primer beso, tu primer día de colegio, el momento en el que dijiste
"Sí quiero" o ese segundo en el que te despertaste de un sueño maravilloso? ¿No te gustaría sentir ese abrazo que te dió tu madre cuando te sentías triste una vez más? O incluso ese día en el que pensaste que el mundo se derrumbaba frente a ti y entonces otra puerta se abrió. Dios nos concedió tantos dones de los que no estamos conscientes. El regalo de los sentimientos, de los recuerdos y la forma en que los atesoramos. Hoy, estuve allí. Estuve sentada en esa larga mesa azul de los desayunos, medio dormida. La mesa que fue testigo de muchas reuniones familiares y de días felices o tristes. Mi madre me ofreció un huevo y una taza de té. "Mamá, ya sabes que odio el té. ¿Por qué me lo sigues preparando?" "¡Ay, tú y tus manías con la comida! Siempre tienes que ser diferente", me respondió mi madre. Me até las cuerdas de los zapatos, me monté la pesada mochila sobre un hombro y me miré por última vez en el espejo antes de salir de casa. "¡Epa!" Me llamó mi madre cuando yo salía de la cocina hacia el jardín que llevaba al portón negro de la casa. "¿No me vas a dar un beso?" Me preguntó, con una sonrisa maravillosa en su rostro. Extraño horriblemente a mi madre. Créanme, ya no soy una niña. Soy una profesora de inglés de 26 años, fotocopiando la página de un libro para preparar mi siguiente clase. Hoy, en flashes de segundos, sentí y vi ese beso que mi madre me dió y el hielo de temprano en la mañana mientras caminaba hacia el colegio. Pelando mi naranja, abriéndola en dos, de la misma forma en que mi madre solía hacerlo para consentirme mientras yo estudiaba duramente en algún rincón de la casa. El olor de la naranja llenaba el cuarto de su maravilloso aroma cítrico. Todas las casas de Iraq tenían un naranjal así como también una palmera. Comíamos muchas durante el invierno. Las familias las acumulaban porque a todos les gustaban. No había manera de no sentir el picante olor de las frescas naranjas orgánicas mientras entrabas en la cocina. Acerqué una peladura de naranja a mi rostro. No pude evitar una lágrima mientas olía mi hogar en ella. Recuerdos instantáneos de mis días de escuela corrían en mi cabeza. Yo verdaderamente sentí ese beso que mi madre me dió antes de salir de casa hacia el colegio y ese último abrazo que me dió antes de levantar sus bolsas e irse a Bagdad. Vi su sonrisa de tan cerca que casi pude tocar su cara. No necesito fotografías, videos y todos esas máquinas. Ellos nunca me hacen sentir cómo me sentí esta tarde.
Publicado el: septiembre 21, 2006
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