Qué poderosa pregunta en medio de esta turbulenta
realidad mundial: ¿Dónde están esos viejos gigantes que pretendieron
deshacerse de Israel y no dejarle ni raíz ni rama? ¿Dónde quedó su gloria y su fuerza? ¿Dónde están hoy y qué destino los envolvió? Porque para nadie es un secreto que detrás de la
realidad humana, geográfica y cultural del pueblo judío, hay un invisible y extraordinario poder espiritual. Un poder silencioso que desafía.
Luego de milenios de pruebas y aflicciones, no debería ser extraño para nadie que Israel vive ahora -así como en el pasado- rodeado por
naciones que desean arrojarlo de su tierra prometida, o por lo menos hacerle difícil su existencia. Mirando muy atrás en la historia, vemos reinos y poderosos imperios que buscaron saciar en Israel su hambre de tierra, y que exhibieron su fuerza sangrienta e intolerancia con este pueblo “llamado” por Dios. Allí están: Asiria, Babilonia, el Imperio Romano, y aun más reciente la Alemania Nazi con su crueldad absoluta, y mucho más cerca el Islam con su pseudo dios y su “guerra santa”.
Nuestra generación, frenética con la cultura del éxito y asombrada con el brillo de lo postmoderno, desconoce el hecho de que la suerte de Israel es la suerte de toda la humanidad. Porque el Dios de Israel siempre cumple sus planes, y los hechos lo demostrarán. Y aunque Israel parezca azotado y humillado, siempre renacerá y estará ante las naciones con su alma persistente y su espíritu firme. Es la mano amorosa del Señor. Más de Él también procede su sufrimiento.
Jeremías resaltó esta verdad divina hace más de 2.500 años en su profecía:
“Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice el Señor,
y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí;
pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia;
de ninguna manera te dejaré sin castigo.” (Jeremías 30:11-12)
Un Dios Omnipotente es quien preserva a Israel, lo guía y lo defiende, aunque también lo castiga y lo corrige. La autoridad de la profecía bíblica llevará el río de la historia hasta el fin determinado, para él, y sus enemigos.