Nuestra
vida cotidiana suele transcurrir entre obligaciones, compromisos y horarios. Tenemos
exigencias
a las que responder,
deberes para cumplir y
horarios que respetar. Para contrarrestar tanta demanda nos hemos creado entretenimientos, algún viaje y reuniones. Pero mientras
nosotros estamos en medio de esa vorágine, alguien nos está observando constantemente.
Desde algún rincón de la casa, un rostro atento con brillantes ojos sigue cada detalle y cada movimiento. Es alguien que no tiene en la vida nada más importante para hacer que seguir nuestros pasos.
Nuestro perro depende total y absolutamente de nosotros. Somos la razón de su existencia y su principal objetivo es agradarnos.
Pero, ¿qué lugar ocupa él en nuestra actividad? ¿Cómo manifestamos en "hechos concretos" el amor que le tenemos? Él tiene que
vivir y crecer al ritmo y condiciones de
vida y libertad que son propias de su especie. Esto significa
amor en acción. Dediquémosle momentos de calidad para disfrutar del
placer de expresar los mutuos sentimientos. Tenemos muchos compromisos, él sólo nos tiene a nosotros.
Destinemos tiempo para planearle
una buena alimentación, mejor casera y natural, por ser lo más sano. Unos minutos más, no hace falta mucho para preparársela con todo amor. Respetemos sus horarios, su necesidad de salir, de
dormir cómodamente, de tener agua fresca disponible, vigilemos su salud, brindémosle una vida familiar armónica, que es uno de los factores que más afecta a lo perros.
Dejemos que disfrute de sentirse libre. Él tiene derecho a hacer su
vida de perro, con travesuras incluidas, sin que afecte, por supuesto, el normal desarrollo de la
vida familiar ni su propia integridad. Seamos felices con él observándolo cómo se expresa libremente: corriendo por lugares no peligrosos, olfateando, ladrando, jugando o durmiendo cuando tiene deseos de hacerlo. Agregaremos calidad a su vida y a la nuestra.