El hombre, desde su origen, vivió en un
maravilloso hábitat natural lleno de belleza y de abundancia. Pero,
el propio egoísmo y ambición lo llevó a destruir lo que amorosa y sabiamente lo albergaba. Así vemos la
naturaleza maltrada y a los
animales sufriendo injustamente bajo una mano pseudomnipotente y egocéntrica.
El hombre no quiso reconocer sus limitaciones y ambicionó parecerse al Supremo. Sus múltiples equivocaciones
llevaron al planeta a un estado calamitoso de ruina y tristeza. Esta amarga historia que viene escribiéndose desde años y años, continúa desarrollándose implacablemente guiada por el
pensamiento destructivo de seres que no conocen el amor.
Pero, felizmente, hay otros
hombres que cuidan la tierra, que permanecen unidos por valores eternos, que van detrás de la verdad y que aman la vida en todas sus manifestaciones. Son personas de corazón compasivo que se juegan, casi siempre desde el anonimato, por los más débiles. Que aman la flor y cuidan el árbol, que salvan y
protegen a los animales necesitados.
Personas que juntan firmas para que no talen un árbol, que protegen a los caballos y a las palomas, que
rescatan a un perro de la calle, lo curan, lo alimentan y lo miman. Personas que todos los días van con su banquito y una bolsa de alimento a visitar a los gatos abandonados. Personas de corazón abierto
en las que Dios imprimió valores altos y hacen que la vida sea tan hermosa.