Santa Rosa de Lima se llamó en realidad Isabel Flores de Oliva. Ella nació el 30 de abril de 1586. Cuando Toribio de Mogrovejo la confirmó, la llamó “Rosa” por la belleza de su rostro y es así como la conocemos hasta
hoy.
Cuando era niña,
Santa Rosa vivió en Quives, en la provincia de Canta, por eso el pueblo recibe hoy el nombre de Santa Rosa de Quives. La historia cuenta que ella era una joven obediente, caritativa, humilde y sencilla. Tenía especial afecto por los más necesitados, pobres y enfermos.
Santa Rosa recibió el hábito de la Tercera Orden de
Santo Domingo el 10 de agosto de 1606, eso quiere decir que sin ser una monja de convento, vivía como religiosa.
Nuestra Santa limeña es reconocida como Patrona del Perú, América y Filipinas. Esto significa que muchas personas de otros países de Latinoamérica conocen a Santa Rosa y la quieren como su santa.
Pero ¿qué significaba ser santa en su época? ¿Por qué la hicieron santa? Desde el punto de vista actual no es muy comprensible el hecho de descuidar de uno mismo para cuidar al otro hasta el punto de hacer penitencias perjudiciales para la vida. Pero
hace más de cuatrocientos
años, esta manera de orar y entregarse a Dios y a los demás era muy valorada. Sin embargo hay
valores de la vida de Santa Rosa que son vigentes hoy y tan o más necesarios que antes. Por ejemplo hay valores que ella practicó y nos hacen falta hoy como la solidaridad, la caridad, la humildad y
obediencia. El valor de la obediencia también ha cambiado con el tiempo, anteriormente la obediencia suponía aceptación ciega y sin cuestionamiento, mientras que hoy la obediencia significa aceptar las normas pero con una reflexión de ellas.
En mi opinión, ser santo hoy debe ser algo distinto a haber sido santo hace más de cuatrocientos años, tanto por la forma de pensar como por la forma de actuar. Porque pienso que ser santo no debería ser solo dejar de hacer algo malo mientras rezas y haces penitencia por los demás, si no que ser santo hoy tiene que ver con las acciones concretas y solidarias hacia el otro, cuidando a la vez de ti mismo y de tu prójimo, y tomando también valores de siempre.
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