Elías fue enviado por el Señor del universo a la ciudad de Sidón, misma que se hallaba en pobreza y sequía al igual que la nación de Israel, se aloja en casa de una viuda que le recibe a pesar de ser él un extranjero y no tener parte con el profeta. En ese instante se expresa el lenguaje sobrenatural de Dios, que usa a una mujer sin recursos financieros, gentil y viuda para bendecir al enviado . Es la esencia misma del Dios nuestro, para Él no existen limitaciones, es capaz de hacer reverdecer el desierto y dar vida incluso donde reina la muerte, nada le impide actuar; tan solo requiere de un hombre o mujer que sea capaz de creerle, que no se fíe de sus limitaciones sino que desde la perspectiva Divina actúe en fe, con la seguridad de que los decisiones humanas amparadas en el eterno son firmes.
Las circunstancias para Elías eran adversas, su fuente de provisión en Israel hubo terminado y ahora tenía que entrar en una nueva dimensión, la de una dependencia absoluta de Dios, así lo hizo, y el Dios de Israel no le defraudó, en esto radica el fundamento de la fe, en el actuar de conformidad con la palabra, sabiendo que aún en los ambientes más hostiles Dios se glorifica, y su fidelidad nos lleva a triunfar sobre las circunstancias mas disímiles.
Igualmente la viuda asignada para cuidar del varón de Dios, en ningún modo era la más apta si lo analizamos desde la visión humana, ella tan solo contaba con una ración, nadie imaginaria que se pudiera requerir algo de ella; ése es el carácter de Dios, pide todo para sacarnos de la mediocridad y la comodidad del mundo, pero luego nos da todo, en una proporción infinitamente superior a la que entregamos; la viuda, mujer laboriosa y caritativa, en su escasez no restringió lo único que poseía sino que lo colocó a disposición del profeta portador de la bendición Divina. Cuando entregamos lo que más amamos, en especial nuestro corazón, y servimos a Jesús con tal pasión que nuestro propio haber pierde prelación en la vida, empezamos a entrar en la dimensión de fe, y por doquier hemos de encontrar esa palabra de restauración, sanidad y bendición; es entonces que a partir de la obediencia vendrán los milagros y la expresión misma de la gloria divina en nosotros.
¡ EL OMNIPOTENTE NOS LLAMA CON EL FIN DE BENDECIRNOS PARA BENDECIR! .....¡ CRÈE SOLAMENTE!